(El fuego entre los dientes)
Lo llamaban el Mago porque amaba
morder el cielo y amansar la tierra
y a pesar de su risa vivió en guerra
y en el fondo del alba recordaba
que la noche inmortal que nos aterra
era un fantasma ladrando en la perra
modernidad que nos espejismaba
y voló con el mundo en el bolsillo
hacia la paz de la música eterna
sin deslumbrarse con el pobre brillo
del estiércol del diablo que gobierna
el cambalache de este conventillo
donde los elegidos comen mierda.
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