Veintiún poemas de amor, XIV
Que vieras al piloto me confirmaba que yo te veía a vos, me dijiste. Se la pasa chocando de frente con las olas a propósito, mientras nosotras nos quedamos agachadas en la escotilla abierta, vomitando en bolsas de plástico. Durante tres horas entre St. Pierre y Miquelon, nunca me sentí más cerca de vos. En el camarote donde las parejas de luna de miel se amontonaban recostadas en el regazo y en los brazos del otro, te puse la mano en el muslo, para calmarnos a las dos. Vos pusiste la mano encima de la mía y nos quedamos así, sufriendo juntas en nuestros cuerpos como si todo sufrimiento fuera físico, nos tocamos así en presencia de desconocidos que no sabían nada y les importaba menos aún, que vomitaban su dolor privado como si todo sufrimiento fuera físico.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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