Tu silencio de hoy es un estanque donde viven las cosas que se ahogan
y yo quiero mirar cómo gotean cuando las sacan y las ponen al sol.
No veo ahí mi propia cara, sino otras,
hasta la cara que tenías a otra edad.
Lo que ahí se perdió ahora se nos vuelve necesario a las dos:
un reloj de oro viejo, una tabla para medir la fiebre borroneada por el agua,
una llave… Hasta los sedimentos y piedritas del fondo
merecen un destello de reconocimiento. Le tengo miedo a este silencio,
esta vida que no sabe expresarse. Espero
un viento que abra con delicadeza estas capas de agua
de una vez para siempre, y que me muestre qué puedo hacer
por vos, que tantas veces le encontraste nombre a lo innombrable
para otros, incluso para mí.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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