jueves, 11 de julio de 2024

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano, 1978)

 

dos poemas









Deshacerme



Extiendo hacia mi pasado
vanos tentáculos de sueño
para comprender objetos, papeles
que quizá ya no existen;
mas, como un remordimiento
sé que mis riquezas
simbólicas aún están allá,
en la casa hoy cerrada,
jaula de un loco y de una vieja:
mis retratos de entonces,
el sello con mi nombre,
y yo, yo dondequiera,
en los espejos y sobre las paredes.
Adelante, debo ir a desmontar
este templo de mí mismo,
saquear, regalar
a los museos mis objetos
más raros y arrojar lo demás,
exorcizar ese lugar
que fue destinado a mi culto,
morir sin dejar
rastros vergonzosos o de otra especie,
deshacerme de todo, partir
así como he venido.

~

Cuando tu, mi poesía, lees poesía



Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
se oscurece el cielo con una luz verde,
la gente huye de la orilla del mar
por un sentido remoto de tempestad
o de contraste entre los elementos,
relámpagos se enarbolan sobre los hilos de los tranvías,
y un gran silencio baja sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo desaparecido,
de un presente que se derrumba sin tregua
velozmente en el pasado informe,
lees sobre reyes y coronas, jardines y guerras,
tú que eres la corona de cada imperio
y el jardín del mundo conocido
y la guerra de los sentidos de la naturaleza,
lees, «¿quién creerá mis versos en el futuro
si digo ahora todo lo que vales?”
y ocurre en ese momento que esos versos,
como una flecha lanzada en los siglos,
alcanzan a quien un día los inspiró.
Y entonces la oscuridad verde invade todo,
la gente se esconde, abrumada,
y en un silencio como de terremoto
se levanta la luna sobre los Castillos Romanos
y lentamente lo vuelve todo azul
mientras tú, mi poesía, lees poesía.

***

Vomité un conejito
 
 
(Fuente: La comparecencia infinita)
 
 

 

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