Una postal
A causa de la superpoblación los polígamos y los asesinos
seriales salen libres; y si hay un accidente aéreo,
únicamente se habla de él (casi siempre en las noticias) cuando ocurre
en algún área boscosa: a las complicaciones del acceso
se suma la cuestión del medio ambiente, que hace todo más trágico.
Los teatros están repletos, tanto las butacas como los escenarios.
Y jamás un tenor canta solo un aria:
casi siempre hay seis a la vez, o a veces uno que es gordo como seis.
Lo mismo vale para el gobierno, cuyas oficinas están toda la noche
con las luces
encendidas y trabajan en distintos turnos, como las fábricas,
rehenes del censo. Todo, aquí, es una pandemia:
lo que le gusta a uno gusta a muchos,
ya sea un deportista, algún perfume o una comida.
Así, por consiguiente, todo lo que uno diga o haga es un acto de lealtad.
Del mismo modo, según parece, la Naturaleza se ha hecho eco del
denominador
común, y cada vez que llueve, que es poco, las nubes se demoran más
no dando vueltas por sobre el estadio militar, sino sobre el
cementerio.
(Fuente: Aníbal Cristobo)
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