LOS MUERTOS
Siéntanse en el regazo de los prados,
en una encrucijada de caminos:
oyen rumor de ruedas por la pendiente,
niños y caballos saltar los setos.
Sienten el trueno aproximarse,
los crujidos sobre el cortado heno
(cuando los hombres, por salvarlo,
corren desde sus casas,
con el cuerpo inclinado hacia la tierra).
Cada tarde,
antes que el campanario verde se abra en toques,
se preguntan si la cresta del monte
no dibuja un muchacho boca abajo,
durmiendo sobre ellos.
Luego, cuando en el hueco de los ojos
sueltas corolas de campanas
descienden a beber,
lentos vuelven el rostro hacia las verjas:
si, en otoño, un pastor se detiene
a partir su pan sin temor
y en la valla la clara grey se agolpa.
Ríen entonces los muertos,
suavemente, entre ellos:
sueñan leve y más cálida la noche.
MENSAJE
Y tú, estrella nocturna,
esplendes todavía,
cuando por lo profundo de las calles
aúlla del perro el alma triste.
Brotarán para ocultarte
colinas de espesa hierba;
pero en mi conquistada oscuridad
brillarás, fuego blanco,
hablando, a los que vivan, de mi muerte.
En Antología poética, Antonia Pozzi, Trad.: Mariano Roldán, Ed. Plaza & Janés, 1973
(Fuente: Juannicho.wordpress.com)
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