“…alegría / clavada en el corazón / como un cuchillo en el pan.”
“La poesía es una catarsis del dolor, como la inmensidad de la muerte es una catarsis de la vida.”
Antonia Pozzi
GRITO
No tener un Dios,
no tener una tumba,
no tener nada firme,
tan sólo cosas vivas que se escapan;
vivir sin ayer,
vivir sin futuro,
y cegarse en la nada
(socorro)
a causa de la miseria
que no tiene fin.
10 febrero 1932
PRADOS
Tal vez ni siquiera es verdad
lo que en tu corazón oyes gritar a veces:
que esta vida es nada
para tu ser
y lo que conocemos como luz
es un deslumbramiento,
deslumbramiento último
de tus dolientes ojos.
Acaso sólo es la vida
lo que el saber en días jóvenes:
anhelo eterno que busca,
de cielo en cielo,
quién sabe qué horizonte.
Somos como la hierba de los prados
que siente sobre sí soplar el viento
y canta plena en el viento
y vive siempre en el viento
y sin embargo no supo crecer
de forma que aquietase aquel vuelo supremo
ni levantarse de la tierra
para anegarse en él.
LÍMITES
Cuánto me acuerdo
de mi cartera escolar,
manoseada, gris,
que toda yo estrechaba con mis libros
en un único abrazo
seguro.
No conocía entonces
este acezante trascender,
este desbordamiento estéril,
este perderse
que todavía no es morir.
Cuántas veces me apeno, pensando
en mi cartera escolar.
LUZ BLANCA
Entré, al alba,
en un pequeño cementerio.
Fue en un país lejano,
al pie de una torre grisácea,
huérfana ya de voces
de campanas,
mientras aún la niebla
plateaba
las encinas oscuras,
los altos setos,
los brezos
violeta.
En el pequeño cementerio,
las lápidas,
dirigidas a Oriente,
como en blanca sonrisa,
rostros de ciego parecían
que, alineados, marchasen
al encuentro del sol.
RIBERAS PERDIDAS
No junto a claros ríos
sino a orillas de tristes ciénagas
descansábamos;
sumergir la mano
era perderla
en el cieno
corrompido del fondo.
Y el verde de los olmos
lucía
en la calígine;
estaban frescas las flores
del prado;
y de otras flores se nutría
valiente
el corazón.
Pero el agua fangosa atravesaba
el camino;
aquel olor corrupto deshacía
el doliente latir de la ternura;
era imposible sofocar
la misteriosa voz
gimiente.
Estábamos perdidos.
HABRÍAS SIDO
PROCLAMACIÓN
habrías sido
de lo que nunca fuimos,
de lo que fuimos una vez y ya no somos.
La poesía
que amamos, nunca ajena
al corazón,
la habrías cantado tú
con tu voz de muchacho.
Única espiga
eras
de dos tierras mezcladas;
tallo
de nuestra inocencia
bajo el sol.
Pero abajo quedaste,
con los muertos,
con los no nacidos,
con las aguas
subterráneas;
alba apagada a la luz
de las últimas estrellas:
no ocupa ahora tierra
sino sólo
corazón
tu invisible
féretro.
Alma,
ya estás
en la calle del morir…
En Antología poética, Antonia Pozzi, Trad.: Mariano Roldán, Ed. Plaza & Janés, 1973
(Fuente: Juannicho.wordpress.com)
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