martes, 3 de noviembre de 2020

Antonia Pozzi (Italia, 1912-1938)

 

 

   “…alegría / clavada en el corazón / como un cuchillo en el pan.” 

   “La poesía es una catarsis del dolor, como la inmensidad de la muerte es una catarsis de la vida.”

 Antonia Pozzi

 

 GRITO

 

No tener un Dios,

no tener una tumba,

no tener nada firme,

tan sólo cosas vivas que se escapan;

vivir sin ayer,

vivir sin futuro,

y cegarse en la nada

(socorro)

a causa de la miseria

que no tiene fin.

10 febrero 1932

 

 

 

 

PRADOS

 

Tal vez ni siquiera es verdad

lo que en tu corazón oyes gritar a veces:

que esta vida es nada

para tu ser

y lo que conocemos como luz

es un deslumbramiento,

deslumbramiento último

de tus dolientes ojos.

 

Acaso sólo es la vida

lo que el saber en días jóvenes:

anhelo eterno que busca,

de cielo en cielo,

quién sabe qué horizonte.

 

Somos como la hierba de los prados

que siente sobre sí soplar el viento

y canta plena en el viento

y vive siempre en el viento

y sin embargo no supo crecer

de forma que aquietase aquel vuelo supremo

ni levantarse de la tierra

para anegarse en él.

 

 


 

LÍMITES

 

Cuánto me acuerdo

de mi cartera escolar,

manoseada, gris,

que toda yo estrechaba con mis libros

en un único abrazo

seguro.

No conocía entonces

este acezante trascender,

este desbordamiento estéril,

este perderse

que todavía no es morir.

Cuántas veces me apeno, pensando

en mi cartera escolar.

 

 

 

 

LUZ BLANCA

 

Entré, al alba,

en un pequeño cementerio.

 

Fue en un país lejano,

al pie de una torre grisácea,

huérfana ya de voces

de campanas,

mientras aún la niebla

plateaba

las encinas oscuras,

los altos setos,

los brezos

violeta.

 

En el pequeño cementerio,

las lápidas,

dirigidas a Oriente,

como en blanca sonrisa,

rostros de ciego parecían

que, alineados, marchasen

al encuentro del sol.

 

 

 

 

RIBERAS PERDIDAS

 

No junto a claros ríos

sino a orillas de tristes ciénagas

descansábamos;

sumergir la mano

era perderla

en el cieno

corrompido del fondo.

 

Y el verde de los olmos

lucía

en la calígine;

estaban frescas las flores

del prado;

y de otras flores se nutría

valiente

el corazón.

 

Pero el agua fangosa atravesaba

el camino;

aquel olor corrupto deshacía

el doliente latir de la ternura;

era imposible sofocar

la misteriosa voz

gimiente.

Estábamos perdidos.

 

 

 

HABRÍAS SIDO

 

PROCLAMACIÓN

habrías sido

de lo que nunca fuimos,

de lo que fuimos una vez y ya no somos.

 

La poesía

que amamos, nunca ajena

al corazón,

la habrías cantado tú

con tu voz de muchacho.

 

Única espiga

eras

de dos tierras mezcladas;

tallo

de nuestra inocencia

bajo el sol.

 

Pero abajo quedaste,

con los muertos,

con los no nacidos,

con las aguas

subterráneas;

alba apagada a la luz

de las últimas estrellas:

 

no ocupa ahora tierra

sino sólo

corazón

tu invisible

féretro.

 

Alma,

ya estás

en la calle del morir…

 

 

En Antología poética, Antonia Pozzi, Trad.: Mariano Roldán, Ed. Plaza & Janés, 1973

 

 

 

 

(Fuente:  Juannicho.wordpress.com)

 

 

 


 

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