viernes, 9 de agosto de 2024

Víctor Velázquez (Cuba)

 

Santuario:

 

Bello como un arma cargada se hospeda el niño en el retrato, como el 
desconocido que llega de muy lejos y trae la ropa vestida de 
escarcha, y por todo el cuello alto y la mejilla escarlata el asma del 
beso aquel, el dolor vivo, la llaga, esa enfermedad innombrable de la 
que todo se nos va muriendo.
 
Tanta nada rendida en los retratos, los lugares apartados del 
recuerdo, santuarios.
¿Verdad que nada queda, que nada queda y nada acaba?
 
El hoyo en la memoria tiene un deslumbramiento de sombra, la órbita 
vacía que mira al ojo deslizarse sobre el bisturí de porcelana.
Hoyo carnívoro en tu pecho de hormiga, donde anida un revólver 
empuñado por un ciego.
Descubres, frágil niño del retrato, rodeado de molduras y violenta 
pasamanería, que el dolor sigue ahí, intacto en el gesto desanimado, 
en la sangre que no sangra, en tu santuario.
 
 
 
 
Puede ser arte

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario