lunes, 15 de julio de 2024

Roxana Páez (La Plata, 1962)

 

Fauna del nuevo milenio



Una gran distracción animada

-Notas sobre la poesía de Roxana Páez- (Fragmento inicial)

Por Mario Nosotti

“Mi trabajo cotidiano consiste en contener las huellas de lo percibido en cajas de ritmo, máquinas de gorjear”, dice Roxana Páez en el prólogo a Impasse de la ballena, un libro publicado en 2018“Los poemas nacen de la sorpresa y del descubrimiento, se asemejan a una foto movida, porque esta parcela del mundo está hecha de movimiento puro, de cambio. Los versos son como lo que queda en las imágenes retinianas, restos de luz retenida en el instante mismo en que las situaciones que reflejaban dejaron de existir.”

Desde la joven que publica su segundo libro bajo el sello de esa tribu que amparada a la sombra de Delfina Muschietti y las lecturas de Centro Cultural Ricardo Rojas empezó a infiltrar con su actitud renovadora la poesía argentina de los años  90[1], hasta la que en su sostenida inconstancia publica unos diez libros tres décadas más tarde -pasando por la ensayista (Manuel Puig, Juan L. Ortiz, Francisco Madariaga)  y traductora ( Pierre Klossowski, Marcel Duchamp, Georges Bataille entre otros)- la obra que Roxana Páez viene construyendo en silencio, como por sedimentación de capas subterráneas, emerge hoy en la constatación de  un registro cuya labilidad, densidad y contundencia difícilmente puedan ignorarse.

Apartada de los centros de legitimación, guardada por pudor y decisión propia, (“La libertad existe/a condición de no dejarse ver demasiado”, SBR), esta poesía marcada por el trasplante, las idas y venidas, los zigzag (Mendoza, Buenos Aires, La Plata, París, el presente, el ayer reanimado) fue instalando a través de sus libros la configuración de una particular extranjería, de sombra familiar tan íntima como evasiva. La condición flotante, derivativa que habita sus poemas, encuentra su motor en el destello de ciertos territorios: la infancia, los viajes, la lectura, la transculturalidad.

Si los individuos, según Deleuze, se definen por sus velocidades más que por cualquier otro rasgo identitatario, el sujeto poético de Roxana se asume en la deriva hipnótica de una voz que teje espacios de conciencia atados fuertemente en la sensorialidad. La alternancia, la indecisión, se convierten en una postura personal y política. Lo elusivo es en su caso lo más nítido: lo que brilla un instante, lo que se manifiesta, tiene la pregnancia de lo que se recorta como un sello. Solo el poema es capaz de retener esa fulguración que al momento siguiente se pierde en lo real, imagen-movimiento que no se desanima “por la idealización del ojo ni el desajuste impotente del lenguaje”.

Desde su partida a Francia en 2001, cuando obtuvo la beca Saint-Exupéry para realizar su Doctorado – por el que se llevó a dos poetas en la mochila: Juan L. Ortiz y Francisco Madariaga- entregada a la escritura y a sus clases en París, esta platense instalada (casi un oxímoron tratándose de Roxana) en el barrio multicultural de Belleville -cifra de una fascinación por lo errante, lo provisorio, la mezcla cultural alejada del “multiculturalismo”- ha hecho del vivir y escribir entre dos lenguas la parte más visible de un eco amplificado: el diálogo entre tiempos, geografías, espacios afectivos y biográficos que entrama la imaginación.

Chicos, chicas, marcas de la cultura pop y el mainstream, imágenes veloces, luminosas, asociaciones raras, sorprendentes, pueblan sus poemas. Un hermetismo de miniaturista, del detalle animado, se alía a la extrañeza como arma para densificar el mundo, para hacer emerger su carácter sombrío, casi mudo y de pronto, solar. Los poemas de Páez son como actos de magia, las cosas, las personas, aparecen y se esfuman  en el flujo de la narración continua. Como esos pueblos vistos desde la ventanilla del tren (estoy glosando uno de sus poemas), que se dejan atrás porque el tren corre, pero también porque aparece el mozo y te ofrece un refresco.


[1] La voz del erizo fue un ciclo de lecturas, experimentación y encuentro  (con deriva editorial, La Biblioteca del erizo, de Editorial La marca) dirigido por Delfina Muschietti en el que se mezclaban poetas consagrados con voces emergentes de la nueva poesía argentina (Susana Villalba, Ariel Schettini, Silvio Mattoni, Gustavo Álvarez Núñez, Carlos Ellif, Marina Mariasch, Pedro Mairal, Lucas Margarit, Romina Freschi, Carlos Battilana entre muchos otros), que inició en el año 1992 en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la ciudad de Buenos Aires y duró más de una década. Roxana fue una participe ocasional de esa sociabilidad que, por otra parte, nunca funcionó como un grupo.



Fauna del nuevo milenio: poemas

 

Superposición de barrios

Un panadero entró con gran impulso.
Está por llover. Como cada vez
que se anuncia el agua con calor,
viene tu infancia,
las campanillas a punto de estallar,
violadas por los abejorros,
sus cables electrizando el pasto,
tu llegada dormido
en medio de los ladridos de los perros
del barrio.
Mientras tu padre trabaja o ya tuesta
tus panes, quitándome ese gusto
de escucharte primero.
Ahora el panadero va perdiendo
impulso, pero flota todavía
suspendido
descendiendo
y roza la foto de la adolescente
que lee
apoyada en un ánfora gigante
con un perro dormido a los pies
y el pelo cortado como un hombre
en mi ciudad natal. No conozco
ese patio. ¿Qué lee? No me contesta.
Es mi madre. Yo todavía
no nazco.


Fotos del 80

Vive un labio brillante,
la luz en la boca bajo el ala
del sombrero. En el escondite
de los ojos intuyo (o recuerdo)
el haz del iris en las paltas.

Muy de cerca, desaparece muda
en los cristales del bromuro,
pero el kimono es verde y
un pájaro emigra
bordado en la espalda.
La voladura de la voz queda
sobre la garganta
en sombras
con mostacillas de «oro».


Gordas

Tan cálidas manos sacan la cáscara
a una lengua de vaca.
La voz les viene de su gruta.

La cocinera que más dice
al hacer troncha la carne gris
y la vuelca en un fondo donde crujen
pasas, duraznos y ciruelas,
como piedras que recién deja el agua.

Tapa la “deliciosa lengua frutada”
que sangra
con rodajas de tomate
muy finas.

Vidrio esfumado para mirar a través
del olor. A las dos, el reflejo del hambre
gruñe por el animal vivo

en el hombre
haciendo ambages
sobre los techos de aluminio.

El vapor frutado que sube
ya no es doméstico,

es un trance animado por el viento
y las preparadoras,
aunque baje
como lluvia de caldo.


Flor por nube

El café con un vaso de horchata fresca,
que es dulce,
una leche de fruto,
para volver a la calma.

El tomate se frota contra la tostada,
un chorro de aceite de oliva,
encima la tajada de queso.

Mordí la pila blanda y crujiente.
Muerdo la carne del durazno.

Bajo del tren y retrocedo a pie
hacia la playa de Ocata.
Un kilómetro por la arena,
entre las vías y el mar.

Hombres desnudos,
con el sexo dorándose, un pedazo de pan.
Solo uno de pie secándose,
el miembro perpendicular al torso
apuntando a otros hombres.

Llego a un punto de mi playa
de adpoción, entre el silencio
del vaivén de las cosas
y la risa colectiva.

Repetidos versos de las olas,
el vaivén.

Saco mi libro, mi libreta, mi lápiz,
mi corpiño.
Me zambullo.
Sólo estoy aquí,
y en ningún otro lugar.

(…)


La apuntadora sopla escondida

Me encanta oler a humo,
volver a oír
a mi abuelo diciendo
«ni loco besaría
a una mujer que fuma».

La amiga de tu hermana
pasa por la calle de abajo
frente al baldío. Las montañas se recortan
azules en el fondo.
Antes la tierra seca cortada por la calle
de donde bajas del troley
y caminás hasta el monoblock.

Son varios metros y alguien te podría
de hecho un hombre baja detrás tuyo
te sigue, te mete la mano entre las piernas
desde atrás
como si fuera la cabeza de una víbora.

Lo hace diciendo palabras que te olvidaste
y se va. Solo te rozó sin más.

La amiga de tu hermana pasa con tu blazer
azul entallado con que debías ir a la escuela
mañana.

Mi amiga hizo saltar el candado
de mi placard de vuelta.
Vas a pegarle cuando la veas, patadas en el culo.
Tirarle el pelo
para que deje de ser mala.

Se llevó el cassette con la voz de tu padre.
Lo borró para grabar otra cosa
encima. Ya no tenemos nada de papá.

En el cassette papá nos hablaba, cantaba,
tal vez silbara. Nos extrañaba
en Buenos Aires.

Me acuerdo que volvió de un congreso
y quiso besarme
y yo le dije que no lo reconocía.

Mi amiga se hizo tomar una foto
con las piernas abiertas, bien abiertas
como si fuera a parir. Pero no está
embarazada. Tendrá 15 años y
de los lados de la bombacha
le salen arañas.

Mi abuela se asoma y abre de pronto
la carpa y ahí está mi amiga
con mi compañero de teatro.
Mi abuela se pone a gritar
y sale corriendo
en sentido contrario.

Mi papá volvió de la guardia
y me pidió la muñeca de trapo.
Mi papá quería dársela
a una nena que iba a morir.

Mi papá se murió
un sábado o un domingo.

Se cayó y se calló.
Iba por un desfiladero.
Habría una tormenta de nieve
o mucho viento y se desbarrancó
allá en un abismo. Su deseo
realizado de entrar
en la clandestinidad.

Tenía veinticinco años
el compañero que subía con él.
Ahora sé que no iban encordados.
Que el chico bajó para buscarlo
y no pudo acceder,
se murió congelado.
Esto lo supe el año pasado. No antes.
No durante treinta años.

Por entonces para mí no era un chico
aquel hombre de cara redonda.
Estaba ya casado. Y durante la búsqueda
oí que quiso tener hijos.

Parecía Penélope mi madre, pero no
tenía tiempo de tejer. Y la prueba
era simple: soportar a todos esas nenas
y su hermano menor.

Ganó el que escribió sobre chicos
que se dormían congelados,
sacrificados por sus padres
caciques. Yo leía las pesquisas
del hombre que reemplazó a mi padre
cuando me escapé.

Spokenwords al unísono:
El 25 de mayo nació
un caballo, levantó la cola
y le salió un zapallo
Febo asoma, punto y coma, los zapatos
de tu abuelo son de goma y los míos
son de acero…
En el cielo las estrellas, en el campo
las espinas y en el centro de mi pecho
una lata de sardinas…

Todo venía de la educación patriótica
que se trasladó al tango Volver
con la frente marchita y la verga chiquita
de tanto cojer con jota.

Muchas chicas nos ponemos
a fotografiar las flores del maestro Gérard
abrazadas a los yuyos
coronados con floraciones
peinadas y de arrabal.

Los chicos
se desarrollan en muchas
direcciones y tiempos imprevisibles.

Hace catorce días la casa
……………se cerró.
…………………………Pero después
se abrió, se abrió, se abrió
…………………………y yo no estaba.

 

(Fuente: Op.cit.poesía)



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