EN LA REGIÓN DE LOS GRANDE LAGOS
En ese tiempo, en tierra de dentista
(sus hijas encargan la ropa en Londres y
y en sus anuncios las tenazas exhiben
Muelas del Juicio anónimas, abstractas),
yo, que en la boca ocultaba ruinas
más derrumbadas que cualquier Partenón,
espía, delator o quintacolumnista
de una civilización putrefacta
(haciéndome pasar por profesor de letras)
vivía en un college junto al lago
más famoso. Mi función estribaba
en torturar a zánganos locales.
Todo lo que por aquel entonces escribí
termina inevitablemente en puntos
suspensivos. Me metía en la cama sin
desnudarme.
Si de noche veía una estrella en el techo,
ésta, según las leyes de la combustión,
me resbalaba por la mejilla hasta caer en la
almohada
sin darme tiempo a pensar un deseo.
traducción: Amaya La Casa y Ramón Buenaventura
(Fuente: Irma Verolín)
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