Esa silla
de plástico
rojo
turbada
por el viento
que el pobrecitismo
humanista
le inficionó,
desplomada
en el polvaderal;
no huele,
no retuerce tentáculos,
pernoctada diurna,
bajo producto
industrial,
no se despigmenta,
no se hiere,
no huele ni gotea,
al tacto lisiada,
no reconoce
el ámbito bobo
que la tierra
le atribuyó
al petroleo
primigenio,
sombra nueva
que rota
y baila
entre ráfagas
y desaguaderos,
viva y muerta,
tal vez suspensa,
objeto en si
sin si,
y menos si,
consigo artificioso
y redundante,
charlatán,
mudo,
ornato micótico.
Inedito
No hay comentarios:
Publicar un comentario