
Cultura
Cultura
Silla de montar sudada, de cuero rojo incrustado de canicas y piedras únicas;
con un ojo azul y otro saltado, con huesos de un marfil que sólo ataca
el disolvente universal del fanatismo
(más tarde, los filósofos deciden que el fanatismo aquel sacó a la luz virtualidades
implícitas en conceptos sometidos a una elaboración creadora,
y ya tenemos más cultura);
vianda al fuego amarillo en carne viva, siempre a medio asar, humeante, y olor
a fuerza y delicia como en ciertos recovecos;
ex niña prodigio babosa vestida de papel impreso en letra diminuta, pegadas
las palabras de ritmo dactílico para clítoris capuletos;
anímula vágula blándula péndula:
serías querible sin tanta farsa que atrajo a huéspedes infames, y los alojaste
por incurable chifladura.
Vámonos a echar corcovia, vámonos una noche, que nadie se entere, dejando
la academia a los macacos (sin los hechos apostólicos del mono auténtico)
-arbopublirrelacionistas, picorna- comunicólogos, mixoadministradores,
papovamercadotécnicos, qué sé yo.
Vámonos a equivocar de otras maneras.
Que ellos sigan la opereta de la toga y el birrete, la venera y la muceta, el congreso
y los viáticos. Lo han ganado;
lo desean. Qué ocasión.
(Fuente: Lab De Poesía)
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