jueves, 18 de julio de 2024

Dinko Pavlov M. (Chile, 1942 - 2010)

 

Curatoría
msrperformance23

VERSOS PARA UNA SIRENA SOLITARIA EN LA CALETA Libro2002Ω
 
ESTACIÓN AMATORIA 
 

I
Para nacer es preciso morir,
llegar a cero,
cerrar los ojos y quedarse mudos, quietos,
acortar agonías,
cerrar cicatrices,
sin sangre que circule
y tome posesión la muerte
con su fría mano
y nacer de nuevo
venciendo todo:
distancias... edades,
ojalá que una de esas veces
le acierte a tu caleta.
 
II
Sí, renuncio a la cordura
y las horas quietas,
renuncio a la respiración pausada, prefiero adrenalina
recorriéndome a raudales
con tu peligrosa cercanía;
la muerte si es preciso
por un quejido amoroso
provocado en tus entrañas
por mis labios urgentes.
 
III
Y la fiera que en mí cohabita
se agazapó entre las ingles
en paciente espera:
instintiva,
al primer indicio positivo
ocupó tu cuerpo.
Ahora recorre tus rincones más íntimos,
hasta que otro demonio
más poderoso,
la desaloje.
 
IV
Cuando quede solo,
sin mi sombra siquiera
y no me refleje en los espejos,
cuando haya equilibrio en mi vida,
será que ya no viva más sin darme cuenta,
intentaré tocar tu casa
pero mi mano crispada
traspasará la madera;
confundido pensaré entonces
sino seré mi sombra
y caminaré por las murallas
perdiendo la vertical
me cruzará la lluvia murmurando
que soy todo y nada,
que soy parte del aire, el agua,
el fuego y la lluvia;
cuando me quede solo
sin mi sombra siquiera.
 
V
Las preguntas eternas
impiden voltear la hoja,
las respuestas se anudan en la mente
quedando enceguecido,
ignorante de razones,
y así,
alimentado de oráculos
y premoniciones,
se van apagando ansias,
frenando vehemencias
como en atardecer prematuro;
la edad se monta a la espalda
centauro empecinado en atravesar
el calendario a galope tendido.
 
VI
No soy de la estirpe
de pájaros que anidan,
me acompañan mi plumaje,
mi vuelo de águila
y los bailes rituales
para los apareos;
ojo certero para la presa
y unas inconmensurables ganas
de emigrar al este
siguiendo el sol,
siempre al sol,
mi vida eterno día
hasta que se quemen las pupilas
y mi esqueleto emplumado
se detenga en un museo
de historia natural.
 
VII
Tu cintura odalisca
de reverberos cimbreantes
me llama irremediable
como la luz a las mariposas,
tus pestañas de cíngara hechicera predicen mi futuro:
me volveré volcán,
entrañas hirvientes
saltarán mis pensamientos al espacio,
sobre mi cuerpo,
alejándose
hasta que vuelva la calma,
cenizas en mis venas,
quedaré como una estampa
de lo que puede el amor
impetuoso, irrefrenable,
por una sarracena impía,
democrática y ubicua:
en su caleta y en mi corazón
al mismo tiempo.
 
VIII
Cuando la luna menguante
toca mis vísceras,
prefiero callar:
conoce de mareas,
de verdades a medias
y temas adversos
que siempre me asedian.
Total,
ya dará vueltas el globo
y cada sentimiento
ocupará su lugar exacto.
 
IX
El ojo de la noche
con su vórtice oscuro
me absorbió a su centro,
certero,
dejándome al desnudo,
pecados al aire
en mi irreverente audacia verbal,
saltando respetos ajenos,
exhortando de paso
a los demonios que me habitan
a soltar mi lengua.
De eso y algo más
soy capaz de arrepentirme,
aunque tarde
y ya Caín me haya convertido
en su sombra.
 
X
Y Dios me pidió:
"Sé mi compañero".
Le repliqué tajante:
"Prefiero seguir solo,
sin vaticanos
ni pedros renegados a mi lado".
 
 
(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)

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