LOS PÁJAROS
para Horacio Fiebelkorn
Cada poema es una pequeña historia que avanza
hasta encontrar su fin. Una historia de los sonidos
de esa historia que empieza de golpe,
como una luz que no estaba. Es
lo que tiene que ser. Unos signos
que no son lo que dicen,
algo acerca de un pájaro y de los giros del pájaro,
sino una síntesis del día cuando todo se ha ido
y el cuerpo sabe dónde empieza a perderse,
cómo cerrar la mano para que no se escape nada.
Eso siempre y cuando se escriba bien:
la puntuación y el sonido se levantan al mismo tiempo
apenas uno piensa en lo que más le importa. Las imágenes
van a destiempo, se cruzan con su propio vuelo
y el pájaro da el tono del impacto en el palo,
porque así lo quiere. La historia termina
pero la voz sigue pensando en el pájaro.
(Fuente: Mario Arteca)
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