¡OH ALMA MÍA EMPEDRADA!
¡Oh alma mía empedrada
de millares de carlos resentidos
por no haber conocido el albedrío
de disponer sus días
durante todo el tiempo de la vida;
y ni una sola vez siquiera
poder decirse a sí mismo:
“abre la puerta del orbe
y camina como tú quieras,
por el sur o por el norte,
tras tu austro o tras tu cierzo...!”
DESPUÉS DE MIL MUDANZAS
¡Oh hado mío!, después de mil mudanzas
de moral y de duelos y de escamas,
¿por qué no haces que vea ante mí un valle,
con lo dulce y lo propio solamente
de la rosa amarilla esmaltado?;
pues tras muchas mudanzas,
en mis contornos sólo de repente
veo un arrabal, restos de los amos,
y en medio de una de sus crueles calles,
un atril y un libro y un claro plectro
a los sedientos plagios destinado.
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en "¡Oh hada cibernética!", Monte Ávila Editores, Caracas, 1969.
(Fuente: Jonio González)
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