UNA TARDE DE AGOSTO
Una tarde de agosto. Aun acá se oye
el correr del rutilante Raba.
Miramos las montañas,
mi madre y yo. Qué claro está el aire:
cada oscura picea del monte Lubon
se ve con claridad como si creciera en nuestro jardín.
Un fenómeno asombroso -la asombra a mi madre
y a mí. Yo tengo cuatro y no sé
qué significa tener cuatro. Soy
feliz: no sé que significa soy
ni feliz. Sé que mi madre
ve y siente lo que hago. Y sé
que como siempre por la tarde
daremos un paseo
lejos, hasta los bosques, ya dentro
de poco.
(Fuente: Idiomas olvidados)
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