casi en mitad de la nada
ya nochecita, gaguea el candil.
yo entrecierro un ojo para acertar
por una hendija
el paso detenido de la luna
extrañada de nosotros,
amarillo voyeur de porcelana.
lejos de las coloniales medianías,
del apartado desorden del patio con jazmines
o la estudiosa enajenación de los villorrios,
están el sueño y el desvelo nebuloso.
el contrapunto de esas dos vigilias
alternándose, confundiéndose
es también la mínima densidad de tu palabra
apurando mi silencio.
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