EL LABERINTO DE CRETA o sea ADENTRO DEL EXILIO
EL LABERINTO DE CRETA o sea ADENTRO DEL EXILIO
I. (EL JARDÍN)
suave como bandada de grises garzas migrantes
se acerca la hora de las sombras.
de su complicado jardín,
entre manglares y estaños pulidos,
el minotauro cautivo contempla melancólico
cómo las últimas luces huyen del encarnado al ceniciento
y alumbran la pelambre hirsuta del músculo
que acaricia, violento de sangre.
como si lo viera por última vez,
como si nunca lo hubiera visto,
su apacible mirada de bóvido carnívoro recorre
un paisaje ensombrecido de calabozos y caños,
de esteros agitados e íconos de fervor.
su híbrido cerebro rememora
un mundo como un archipiélago ajado,
donde empinadas chimeneas se confunden con los tejidos de la añoranza,
como si wall street cruzara prepotente el egeo azul de metileno;
un mundo de tapias transversales, islotes engorrosos y lajas frías,
donde pesados caballos de batalla pacen en tierras cetrinas,
mientras la algazara de los loros que vuelven al barranco
alecciona sin atenuantes las plácidas hondonadas del deseo,
y el coro de los ángeles penetra raudo, como una espada erecta,
las cenagosas recámaras de la memoria.
muge el engendro,
muge salvaje,
muge el toro zambo de tristeza absurda,
muge como si no supiera rumiar
el pasto de los jardines colgantes, los cólquicos, las dulces musáceas,
la cáscara sagrada, las orquídeas enfermas
que crecen en la maraña nebulosa de la bucólica enramada postindustrial.
gime el torohombre, bufa
como si le buscara salida a este vericueto desenhebrado
de sedientos túneles y agónicas praderas,
como si fuera posible rebasar la tranquera de los mataderos de minos.
dolorosamente sus patas hendidas escarban la tierra
y la desafiante polvareda invade como viento blanco las crujías del limbo.
con torpe lengua, en tarda habla de uro
brama el barragán, el buey, el bastardo,
y sus clamores yerran sin rumbo a través de las simas expuestas
de su indecible infelicidad.
la tierra se va apagando como la brasa en las cenizas definitivas:
la luz restante es un filamento escarlata,
la trampa acaso que tiende rastrera ariadna,
un hilo abandonado en el salar por la parca cortante,
o tal vez un cisne azul que desfallece en la incertidumbre
de las cosmogonías.
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