S A L M O N A D A
A Dina Merlini
Foto Nereo
Bienaventurado aquel que hace del nadaísmo su bandera, su patria, su religión.
A ese la luz se le volverá agua fresca para las heridas. El aire, carne dura para las batallas.
Alabaré al nadaísmo como en otros tiempos al Señor. Derrotado con sus ejércitos el Señor duerme a la sombra de nuestras murallas.
Vino con espadas alzadas y lo derribó la coz de un rayo.
Vino como conquistador y hoy pace su abatimiento a la sombra de un arce.
Vino con sus trompetas a derribar nuestra muralla y se le reventaron los divinos oídos.
Dios hizo el mundo de la Nada, y el nadaísmo se hizo un dios de este mundo. Y venció a Dios en su terreno.
Entonaré este cántico, esta flor de alabanzas de puerta en puerta en la Tierra. y las gentes maravilladas saldrán a los portales con escudillas de leche y miel, con bandejas de pan, y rosas.
Diré del nadaísmo a las mujeres que madrugan a comprar la leche en América.
El nadaísmo es la vaca de las ubres de oro.
Diré del nadaísmo a los académicos de América que discuten quién fue primero, si Colón o el huevo.
Y les diré que Erik el Rojo.
Diré del nadaísmo a los presidentes de los países tropicales que desde sus letrinas se comunican con Washington preguntando qué pasa. Y les diré del gigante de la montaña.
Diré del nadaísmo a los hampones de blusa roja que se desangran por las talegas de dinero en los Bancos:
ser nadaísta es asaltar la caja de caudales de un río.
Hablaré del nadaísmo los obispos de Sarna Roja
Que hemos hecho de la cruz millones de palillos para los dientes.
Hablaré del nadaísmo a las prostitutas niñas de piernas largas
de caras tristes e injuriantes vocablos,
y les diré que el nadaísmo es la octava enfermedad venérea.
Hablaré del nadaísmo a los grandes jugadores de naipes
que el nadaísmo es un as de tréboles de cuatro hojas.
Hablaré del nadaísmo a los campeones de los juegos olímpicos
a los grandes saltadores de garrochas que aún no acaban de caer,
a los veloces galopantes del agua,
a los pacíficos lanzadores de bala.
Y hablaré del nadaísmo en los asilos de locos, frente a aquellos que “lo han perdido todo salvo la razón”,
y les diré que el nadaísmo es el Evangelio de la Nueva Mente
y Jotamario el Mesías de la Locura.
Y si recibo piedras de los inicuos
y si recibo insultos de los hijos de otros dioses
y si hasta mis progenitores cierran con dulzura las puertas de hierro de sus casas
yo tendré en el nadaísmo contentamiento.
Él será mi guía y mi consuelo, mi torrecilla de Babel, mi pan de oro,
mi espada desenvainada para la batalla interior.
Cali, 1964
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