Me veías
partida al medio.
La cara de las emboscadas
decías
esa era la cara de mi deseo.
Y poseías
lo íntegro, como Narciso
tu mismo y tu fantasía.
Una frontera de líneas
que se pensaban contiguas.
Me veías dura, vestida
de lanas y de campanillas.
Sobre tu valle yo pasaba
en llagas, sin compañía.
Pasaba, sí.
Pero desnuda, quemada
del amor que me arrancabas.
Versión de Jose Ioskyn
(Fuente: Cecilia Pontorno)
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