viernes, 3 de julio de 2026

Ramón Andrés (Pamplona, España, 1955)

 

 

Yo soy los elementos, la soledad del remo,
aquel viento nudoso que viene de los bosques,
aquel viento hecho hazaña
que envanece las velas para un descubrimiento
y vocea los nombres de cristal
que llevarán los aires conquistados.
 
Si arrecio en las planicies,
apagaré la luz con que me buscas.
 
Cuido de alborear si no me llaman cierzo,
y silbo en las vasijas de antiguos mercaderes.
Carnal, me mundanizo en las ciudades.
Frías las manos de vivir a solas,
me alejo de los cuerpos,
porque sin calma es cárcel toda huida.
 
Si ondeo en los arroyos,
no tendrá el cielo dónde desnudarse.
 
Cuando mi voz es nieve, pronuncio la quietud,
la escarcha que termina lo que empezó una rama,
los copos destilados de las ubres.
No cruzo los portales,
permanezco en el hielo por no llevar lo blanco
a los hogares con blasón de luto.
 
Si doy frío al espino,
lastimaré las manos de los muertos.
 
Y nazco alrededor de cuantos caminantes
convoca el desamparo, reverbero en sus ojos,
candente para mí y a ellos grato,
zanja de enero, fuego
que desciende a la mina de su llama
para que vivan otros en mi calcinación. .../...
Si prendo en los viñedos,
dormirá el humo ebrio por los puentes.
 
Yo soy los elementos, la inusual bonanza,
la garza que no sabe volver de los mistrales,
el animal que lame la sequía,
embarrancado mar,
trópico y polo de un país ignoto
donde el día no es cierto, por más que yo amanezca.


(Fuente: Carlos Morales del Coso)

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