CAMINATA EN UN BOSQUE INVERNAL
Oscuros días, nórdicos,
pero con la alegría afilada del sol.
Más allá se ve nuestro país
detrás de bosques verticales.
Hombro con hombro,
nosotros salimos con mujeres embutidas
en pieles y chales.
Te vi una vez, un verano,
en algún bosque que no era Tranekser.
Supe en el mismo instante,
que tu danza pertenecía a estos lugares,
aquí, donde tú iluminarás
mi oscuro día de bosque
con tu danza y tu voz.
Vas forrada de pieles como una corza,
y eres así de ágil, deliciosa compañera de paseos.
Qué bien, que encontramos un sendero
lejos de los otros.
Qué bien, que estoy aquí y que por fin,
junto contigo, hermosa corza,
me atrevo a pasear.
Aprietas tu tierno morrito
contra la dureza de mi abrigo helado,
señalas con una manopla abigarrada de nieve
hacia lo blanco
para decir simplemente: Mira,
qué lejos están los otros,
pero yo a tu lado.
Dulce tensión de los músculos,
invisible ahora, pero la siento.
Más tarde se hará visible,
solo, en casa.
Aquí está la huella de fieltro de la bota.
Y el suave balanceo de las ramas
deja caer cojincitos de nieve.
Busca mi boca ahora, corcita mía,
tu nuca sale perfumada
de su guarida y se deja
gustosamente desear.
Aquí, bajo tus pieles, en el calor y el olor,
mi anhelo
se encuentra a gusto.
¿Habéis elegido también vosotros,
oh amantes nórdicos,
el bosque invernal para pasear?
Hamlet con su Ofelia,
Aage con Else.
¿Sabíais también que:
Nada huele tanto a mujer
como la mujer envuelta en pieles?
(Traducción: Francisco J. Úriz, español)
Cinna (1959)
En: Poesía nórdica (1995)
Antología preparada por Francisco J. Úriz
Madrid: Ediciones de la Torre, 1999, pp. 532-533
(Fuente: Novus Orbis)
No hay comentarios:
Publicar un comentario