MUJERES
¿Qué mal mayor afectaba a Helena de Troya?
¿Hemofilia? ¿Hidropesía? ¿Podía su voluntad
matarla? Cesó su vida de polvo y sangre
y de sudor teñida, heladas las entrañas.
Soñaba epístolas al acurrucar su cabeza
sobre almohadas de sangre oscura. El olor
de su sangre al despertar hacía que vagara
su mente por una estepa de niebla que
impregnaba métrica y tejidos. Amó solo
a un hombre, feo, enfermo, hinchado,
poeta y soldado, mezquina suerte
la del estado humano.
¿Qué mal enfurecía a Arianna de Creta?
¿Cuál su mayor desventura? ¿Fibromialgia,
deseo de enterrar sus músculos y huesos
en el sepulcro de las aves? Apesta su cama.
Late esa cicatriz en el pecho. Acaricia los nudos
suaves y no duele. Pero sangra como si
fueran treinta sus cuerpos. Ningún humano
tiene tanta sangre. Día y noche duerme.
Hasta el fin de los días. Cuando finalmente
se vaya no dejará perfume en el camino.
Hay otra mujer sin nombre. La historia aún
no la registra. ¿Pensará en todo lo que es?
¿Padece? Vértigo. Vahídos repentinos.
¿Soy reina? Pruébenme. No está en mi sexo
romper con la palabra. Pero esa "era" su canción.
Cantando, con paso ligero caminaba. Sensación
ilusoria de poder. ¿Y por esa hemorragia cruel
de su desprendimiento ocupará su hijo
un espacio que era su espacio?
Muerte. Infierno. Furias. El éxodo. Una tras otra
traspasadas. Detrás de sí tan solo la memoria.
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