viernes, 3 de julio de 2026

José Adair Prado Zacarías (Nezahualcóyotl, Estado de México, 1998)

 

 

Escupir al viento (Colección Pippa Passes, 2026) 

José Adair Prado Zacarías (Nezahualcóyotl, Estado de México, 1998) estudia Creación Literaria en la UACM. Ha colaborado con el colectivo Disrupción Corpórea y con el Centro de Creación e Investigación Literaria UACM SLT.
Su obra —cuento, poesía y ensayo— ha aparecido en revistas como GrafografxsNarrativa y Katabasis. Participó en el libro Relatos de la Cuarentena 2, publicado por la editorial Tresnubes y la UANL. Obtuvo una mención honorífica en el 7.º Concurso Literario de la UACM Cuautepec. Actualmente desarrolla el proyecto Vómito Literario, enfocado en la creación y difusión de espacios literarios en las periferias. Su trabajo se interesa por una literatura de los márgenes, atravesada por la violencia, la experiencia urbana y las tensiones sociales.

 

 

Aparecer

—Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es la ronda de astros
quien te va meciendo—.

Gabriela Mistral

Cuando nací un ángel contrahecho
de esos que viven en las sombra
dijo: ¡ve (Darío), a ser torpe en la vida!

Carlos Dummond

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Lope de Vega

(Y yo) no me perdono el haber nacido.
Emil Cioran

 

I

Aterricé en un campo de flores blancas,
con las caricias frías
de los dedos plásticos de un doctor,
llorando al mundo mi primer fracaso:
nací…

II

Siento que, al enumerarse mi piel,
aparece una insipidez que duele.
Vivir es la atadura de un cordel,

Es un camino farragoso que hiere.
Hay en mí una herida y muero gota a gota.
Al vivir, el sufrimiento hasta se huele.

Un calor de fracaso nos arropa.
Al respirar, se extingue la pureza
y nos arrastramos a la derrota.

Nazco dividido en cientos de piezas.
Yo me recojo del suelo en pedazos,
pero el viento sopla; me empuja mientras
suplico que no vuele mis retazos.

Yo caí en el lodo, pegado al musgo,
para ser debo ensuciarme las manos.

III

Caminamos con los ojos de fuera,
y ocultamos la punzada, el dolor,
aunque en cada paso sangre la pierna.

Buscamos poder alcanzar la flor,
pero somos sólo unos soñadores
encerrados al fondo del cajón

que viven persiguiendo sus relojes
para huir de la guadaña en el talón.

IV

Nadie me dijo
que debía temer
hasta de la hoja que cae; ella también
puede ensuciarme de sangre.

La primera mirada al mundo:
cielos que reflejan los edificios,
de todas las personas
asoman espejos oscuros.
Nadie me dijo
que soy la rosa de los vientos.

Tengo la llave,
puedo abrir todas las puertas,
para encontrarme en todas ellas
un túnel al inframundo.

 

Río la compañía, Chimalhuacán

Huyendo de la policía que tú mismo pagas.
Ignorantes

Doy vueltas sobre la calle, pasa el puerco, es uno azul.
Se cree dueño del barrio, no lo es, aunque brille luz
desde sus feos corrales. Él no manda ni en su cuerpo
Un verso disciplinario, cantaleta del gobierno.

Me colorean sus tintas: rojo y azul miedo y obedezco.
Gruñen, para detenerme, pero ando bien puto tieso.
mejor corro. Tienen finta de pezuñas contagiosas
yo no quiero ir a su albergue. Ellos aplastan las rosas

con esos pasos sedientos, me persiguen: llantas, botas,
los chalecos antibalas, casquetes cortos, pistolas.
Mi corazón rompe el pecho. Soy del tipo que les gusta
la bolsa llena de rama, con mi rostro de ‘hombre fuma”.
Fue cerca de Chimalhuacán cuando me frenó la trulla
pecho contra la banqueta. Son unos hijos de puta.
Tienen sus narices de can. Cuando sienten el paquete
gritan: ‘este sí la pesa’, todos me brillan los dientes.

Dicen que soy peligroso, pues ellos matan a gente.
Apestan a sus delitos. Su mugre es amarga peste
como de mierda con lodo. Dentro, al corral, soy trepado.
Me peinan los pinches gritos, los vergazos del estado.

El aroma de agua pobre con el polvo revolcado.
Se escuchan unos maullares. Quizá aquí son los juzgados
donde a los jodidos comen bajo su enroscado culo.
Coman mis hijos anales, mi mierda su desayuno.

Me golpean, no tengo voz y no hablo por el orgullo.
Luego sale esa pistola, está su palabra muy apunto.
Me quiere exhalar de su tos, dice su onomatopeya:
(¡Bang!)
Estoy dentro de las olas, cobijas son aguas negras.

Yo no tengo las agallas pa habitar el río mierda,
pescado hueso, cosa muerta.

 

 (Fuente: Buenos Aires Poetry)

 



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario