El asma
me enseñó la cautela
ese escuchar el aire
arrinconarse
fue sin saberlo
mi maestro zen
un paso acelerado
desataba el aullido:
el de no saber salirse
de uno mismo,
de estarse adentro
buscando la palabra
no pude
exagerar el gesto
ni arremeter contra el día
fui amaneciéndolo despacio
hasta salir
salir
salir
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