Bestiario íntimo
Si alguien querría ser una tortuga sería yo: hacer de una sección cónica mi propia sede prehistórica alojada en la espina dorsal. Ser tortuga tiene algo de ideal: desde joven luce arrugas y en sentido literal se hace mayor con los años – a más edad más tamaño. Post-matrimonial, sin lazos familiares después de desovar, igual a todas y cada una, naturalmente hija de la luna, sin embargo no hay cisma entre ella misma y sus lares. Entre tantos avatares, para mí que estoy en mí – puro apremio sin molicie –, poco cuenta que sea lenta su marcha en la superficie: eso me haría durar y capaz de entrar al mar, – que cubre dos tercios del mundo – sabiendo que si me hundo gano velocidad.
(Fuente: Ezequel Zaidenwerg Dib)
No hay comentarios:
Publicar un comentario