Tortuga
¿Quién querría ser una tortuga si pudiera evitarlo? Rodillo casi inmóvil, casco con cuatro remos, mal puede permitirse los riesgos que le toca correr remando hacia los pastos de los que se alimenta. Deja un rastro sin elegancia alguna, como el de quien arrastra por ahí una valija, y casi cualquier pendiente derrota sus modestas esperanzas. Por práctica que sea, suelen empantanársele las ruedas cuando sale a buscar algo comestible. Incluso con todo a favor, está a punto de caer en la zanja que convertiría su caparazón en una fuente llena de comida. Vive bajo el nivel de la suerte, sin nunca fantasear con ganarse una lotería que le dé alas a su cargamento de loza. Su única ligereza es la paciencia, el verdadero deporte de los escarmentados.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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