In Memoriam: Gustavo Adolfo Garcés (1957-2026)
julio 14, 2026 por La Mecánica Celeste
GUSTAVO ADOLFO GÁRCES: “ESCRIBO CON CIERTO ESTUPOR, UN TANTO A CIEGAS…”
Por: Oscar Jairo González Hernández. Docente e investigador
¿Qué es para usted ser poeta y cómo y desde dónde lo lleva a su mayor momento de realización y realidad?
Por decir la rosa, sangro y fracaso con esmero.
¿Cómo y por qué siente y sabe usted que la poesía es necesaria y esencial, para el desarrollo de la formación del ser humano y sí le da sentido o no a su existencia?
Para que cantes, muchacha, toco la cítara. Tu voz mitiga la ruina de la casa, y trae de nuevo los sueños y el convite; por ella hemos esperado tanto tiempo a la puerta.
¿En su técnica o método de creación poética, que intervención tienen y qué poder le da y le concede a la intuición y a las sensaciones?
¿Qué hace el poema con un penacho de plumas? Con él nunca se sabe, nada es del todo lógico, las plumas no se caen de su peso.
¿Podría indicarnos tres principios básicos y nodales que cubren y poseen su poética y como los involucra en su poesía e indicarnos el por qué?
Escribo con cierto estupor, un poco a ciegas, cavilo de la primera a la última palabra, de uno a otro silencio; defiendo la extrañeza.
¿Cómo y desde dónde median y se incrustan en su poesía, las relaciones con el misterio de la naturaleza o no y por qué?
Hay noches en que uno descubre la escalera, la puerta y la cerradura, pero la habitación sigue siendo secreta.
Telos. Poetas y poéticas. Entrevistas. Medellín. Fallidos Editores. 2018. Pág. 8.
EL MURO BLANCO
Para Jaime Alberto Vélez, en su memoria
Para Rosario Acal y Francisco José Cruz
POÉTICA
Cada palabra
funda su reino
WALLACE STEVENS
Le gusta
Husmear
dice
su biógrafo
glosa
matices
los ojos
siempre
en las
palabras
las que
zumban
y las que
retumban
camina
por
el sendero
de las moras
hasta
la charca
de los ciervos
acude
a lo que
murmura
en pantuflas
EL LOCO
Simula
ser un
príncipe
nos hace
venias
dice algo
de la guerra
no conozco
persona
más sombría
INFANCIA
Era el velorio
de tu padre
muchacha
y yo sólo
veía tus trenzas
VISIÓN
El asno
carga
un arpa
apunto
en la libreta
qué
suerte
tengo
ALBATROS DE ARCILLA
Atado siempre
al tiempo de la casa
TARDE
El sol
cierra
la puerta
deja
una
luz
oblicua
en el
ciprés
PICASSO
A veces
caballo
a veces
toro
una bestia
hermosa
y convulsa
NOCHE
Se va
una luz
del muro
blanco
llega
otra luz
al muro
blanco
NIEBLA
Difícil
lograr
el tono
la palabra
exacta
la
cambiante
precisión
BARRIO
Huye
la casa
en ruinas
cada vez
más lejos
TIEMPO LENTO
La nube
encima
de la casa
su sombra
quieta
en el patio
BLANCO SOBRE BLANCO
Malévich
pinta
la bruma
luego
una sombra
blanca
después
la luz
las alas
un ángel
el silencio
El muro blanco. Medellín. Ediciones El Aguijón. 2018. Págs. 7, 10-11, 15, 20, 24, 25, 32, 46, 50, 66, 72, 78.
UNA PALABRA CADA DÍA
A Elkin Restrepo
y José Manuel Arango
MADRUGADA
Otra vez
en la esquina
el hombre que habla solo
no sabemos
a dónde mira
su zozobra
ni qué tanto
enfría el viento
su cuerpo sin abrigo
no hay una barca
que lo saque del fragor
ni una silla
en que su vida pierda peso
está solo capeando
el temporal
LOS PELÍCANOS
Juntos
en el cielo
son humo blanco
ENCUENTRO
La veo de repente
como el personaje
de un libro
que hubiese abierto
al azar
se voltea
y me mira
nos sonreímos
aturdidos
como si el día fuera
un mensaje
imperioso
PÁGINA
Mientras pones la mesa
aparece en el televisor
un campo de tréboles
te secas la frente
y te recoges el pelo
detrás del cuello
el gris de las nubes
empieza a tapar el sol
alguien nos lee
HASTA EL FIN DE LOS NÚMEROS
A Raúl Heno
y Juan Manuel Roca
439
Las formas
que no llevan
a la verdad
son la verdad
447
Una ráfaga
de viento
una nube
voz plateada
de la noche
la vida
volviendo siempre
a los viejos amores
448
No llega el tren
la luna alumbra
la estación
476
Mariposa
sobre la espiga
las antenas miran
a la luna
495
Nada me importuna
pareciera que el mundo
es capaz de curarse
las almas se hermosean
ahora que hemos envejecido
todos los que soy
se unen en sosiego
y reluce con el vaso
mi pobre vida atareada
veo como en un sueño
los tejados
converso en silencio
con mis muertos
781
Cuerpo que fue león
caballo reina
ahora sin morada
todas las cosas del cielo
y del infierno
transmigran
quien fue demonio
es ahora dios perfecto
Una palabra cada día. Bogotá. LETRA A LETRA. 2014. Págs. 17, 19, 31, 39, 82, 83, 84, 88.
HASTA EL FIN DE LOS NÚMEROS
Prólogo
Por: John Galán Casanova
Bajo este sugestivo título, abierto al infinito, Gustavo Adolfo Garcés reúne una nueva cosecha de su libreta de apuntes y prosigue su atento escrutinio de la poesía como ciencia del esplendor de lo inútil:
140
Llega al alma
por el esplendor
de lo inútil
y entonces
las palabras
se hacen ciencia
Encabezando cada texto con una cifra, a la manera simple y despojada de Emily Dickinson, el autor no cesa de asombrarnos con su destreza para destilar a cuentagotas la esencia de su visión. El milagro, “la perpetua / mudanza” de lo elemental es su tema, y en este libro, tal como lo ha sabido hacerlo a lo largo de su obra, continúa rindiendo amoroso tributo a los árboles y al viento, a la lluvia y a los pájaros, a las flores y a la hierba, contemplando el fulgor de la naturaleza que se liga a lo íntimo de la existencia en “el tiempo sereno / del poema”:
271
Juncos
flores
agua
pájaros
la vida
no parece dura
ni las piedras
Esta vocación por lo elemental podría hacernos concluir que estamos ante una poesía ingenua, rústica, silvestre. No hay tal. El poeta aprecia el paisaje desde la ventana, a través de un prisma conceptual. Su percepción está mediada por un trasunto filosófico complejo, donde se torna recurrente la reflexión acerca de asuntos como el lenguaje, el tiempo, la forma, la verdad:
872
El verso no es
lo que deseaba decir
tampoco lo que dices
las palabras
a un tiempo arden
y envejecen
Haría mal en extender más esta celebración de un maestro de lo escueto. Quiero apenas invitar al lector a deleitarse morosamente en la aparente brevedad de su escritura. Estos poemas no se agotan en una primera lectura, hay que releerlos, leer entre líneas una y otra vez más para sondear su profunda, elocuente parquedad. En cada verso esta voz aquilatada nos depara el fruto de una ardua comunión con el silencio:
585
Lo que lleva dentro
son palabras
sabes muchas
pugna por una
Mérida, marzo de 2010.
30
En el árbol
el viento se inclina
nada estropea
ese gesto familiar
que conozco de memoria
ni siquiera estas palabras
porque usándolas
no le quito la intimidad
miro esa correspondencia
sin descender en mí mismo
sin mirar dentro
lo que tengo delante
ni árbol ni viento
se engañan
juntos no son nunca
una forma fija
48
Se oye a sí misma
la lluvia
cambia de agua
en ella comienza
y finaliza el juego
115
Escucho tu gorjeo
dedico tiempo y cuidado
a imaginar que cantas
huelo tu huella
no la alcanzo
de unas cosas y otras
olvidé lo que sabía
234
No sabíamos
que llegaba el viento
remolino
de hojas secas
271
Juncos
flores
agua
pájaros
la vida
no parece dura
ni las piedras
402
El primer verso no lleva
a ninguna parte
de qué se hace eco
el segundo
el tercero es un límite
que asusta
el cuarto sólo
una pregunta
el quinto cuesta verlo
el sexto se parece
a la soledad
el séptimo y los restantes
son un lugar imaginario
447
No llega el tren
la luna alumbra
la estación
495
Nada me importuna
pareciera que el mundo
es capaz de curarse
las almas se hermosean
ahora que hemos envejecido
todos los que soy
se unen en sosiego
y reluce con el vaso
mi pobre vida atareada
veo como en un sueño
los tejados
converso en silencio
con mis muertos.
560
Desde la ventana
miro el muro
la enredadera
los tejados
las palomas
son ya
de la casa
839
De misma familia
las rosas
las violeta
y el hecho de morir
Hasta el fin de los números. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Literatura. 2012. Págs. 8, 9, 11, 15, 17, 23, 26, 30, 34.
EL ESPLENDOR Y EL MIEDO /ALBERTO VÉLEZ (1957-)
El esplendor y el miedo explora la avidez por la vida y la certidumbre agobiante de la muerte. El poeta sabe que no puede resolver la paradoja, pero, haciendo uso de la fábula, la alegoría y la experiencia vital y literaria, la dibuja con una fuerza y un ritmo constantes, permeados por la sensualidad y, no pocas veces, por una suerte de escepticismo que, en todo caso, no le impide contemplar la belleza de la realidad circundante, ni olvidar la memoria colectiva, ni renunciar al placer de nombrar (esencia misma de la creación). El resultado revela una voz singular en la poesía colombiana.
El esplendor y el miedo. Medellín. Universidad de Antioquia. 2018. Contraportada.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
No hay comentarios:
Publicar un comentario