miércoles, 15 de julio de 2026

Gustavo Adolfo Garcés (Medellín, Colombia, 1957-2026)

 

 

 

 

In Memoriam: Gustavo Adolfo Garcés (1957-2026)

GUSTAVO ADOLFO GÁRCES: “ESCRIBO CON CIERTO ESTUPOR, UN TANTO A CIEGAS…”

Por: Oscar Jairo González Hernández. Docente e investigador

¿Qué es para usted ser poeta y cómo y desde dónde lo lleva a su mayor momento de realización y realidad?

Por decir la rosa, sangro y fracaso con esmero.

¿Cómo y por qué siente y sabe usted que la poesía es necesaria y esencial, para el desarrollo de la formación del ser humano y sí le da sentido o no  a su existencia?

Para que cantes, muchacha, toco la cítara. Tu voz mitiga la ruina de la casa, y trae de nuevo los sueños y el convite; por ella hemos esperado tanto tiempo a la puerta.

¿En su técnica o método de creación poética, que intervención tienen y qué poder le da y le concede a la intuición y a las sensaciones?

¿Qué hace el poema con un penacho de plumas? Con él nunca se sabe, nada es del todo lógico, las plumas no se caen de su peso.

¿Podría indicarnos tres principios básicos y nodales que cubren y poseen su poética y como los involucra en su poesía e indicarnos el por qué?

Escribo con cierto estupor, un poco a ciegas, cavilo de la primera a la última palabra, de uno a otro silencio; defiendo la extrañeza.

¿Cómo y desde dónde median y se incrustan en su poesía, las relaciones con el misterio de la naturaleza o no y por qué?

Hay noches en que uno descubre la escalera, la puerta y la cerradura, pero la habitación sigue siendo secreta.

Telos. Poetas y poéticas. Entrevistas. Medellín. Fallidos Editores. 2018. Pág. 8.

 

EL MURO BLANCO

Para Jaime Alberto Vélez, en su memoria

Para Rosario Acal y Francisco José Cruz

 

POÉTICA

Cada palabra

funda su reino

 

WALLACE STEVENS

Le gusta

Husmear

dice

su biógrafo

glosa

matices

los ojos

siempre

en las

palabras

las que

zumban

y las que

retumban

camina

por

el sendero

de las moras

hasta

la charca

de los ciervos

acude

a lo que

murmura

en pantuflas

 

EL LOCO

Simula

ser un

príncipe

nos hace

venias

dice algo

de la guerra

no conozco

persona

más sombría

 

INFANCIA

Era el velorio

de tu padre

muchacha

y yo sólo

veía tus trenzas

 

VISIÓN

El asno

carga

un arpa

apunto

en la libreta

qué

suerte

tengo

 

ALBATROS DE ARCILLA

Atado siempre

al tiempo de la casa

 

TARDE

El sol

cierra

la puerta

deja

una

luz

oblicua

en el

ciprés

 

PICASSO

A veces

caballo

a veces

toro

una bestia

hermosa

y convulsa

 

NOCHE

Se va

una luz

del muro

blanco

llega

otra luz

al muro

blanco

 

NIEBLA

Difícil

lograr

el tono

la palabra

exacta

la

cambiante

precisión

 

BARRIO

Huye

la casa

en ruinas

cada vez

más lejos

 

TIEMPO LENTO

La nube

encima

de la casa

su sombra

quieta

en el patio

 

BLANCO SOBRE BLANCO

Malévich

pinta

la bruma

luego

una sombra

blanca

después

la luz

las alas

un ángel

el silencio

El muro blanco. Medellín. Ediciones El Aguijón. 2018. Págs. 7, 10-11, 15, 20, 24, 25, 32, 46, 50, 66, 72, 78.

 

UNA PALABRA CADA DÍA

A Elkin Restrepo

y José Manuel Arango

 

MADRUGADA

Otra vez

en la esquina

el hombre que habla solo

no sabemos

a dónde mira

su zozobra

ni qué tanto

enfría el viento

su cuerpo sin abrigo

no hay una barca

que lo saque del fragor

ni una silla

en que su vida pierda peso

está solo capeando

el temporal

 

LOS PELÍCANOS

Juntos

en el cielo

son humo blanco

 

ENCUENTRO

La veo de repente

como el personaje

de un libro

que hubiese abierto

al azar

se voltea

y me mira

nos sonreímos

aturdidos

como si el día fuera

un mensaje

imperioso

 

PÁGINA

Mientras pones la mesa

aparece en el televisor

un campo de tréboles

te secas la frente

y te recoges el pelo

detrás del cuello

el gris de las nubes

empieza a tapar el sol

alguien nos lee

 

HASTA EL FIN DE LOS NÚMEROS

A Raúl Heno

y Juan Manuel Roca

 

439

Las formas

que no llevan

a la verdad

son la verdad

 

447

Una ráfaga

de viento

una nube

voz plateada

de la noche

la vida

volviendo siempre

a los viejos amores

 

448

No llega el tren

la luna alumbra

la estación

 

476

Mariposa

sobre la espiga

las antenas miran

a la luna

 

495

Nada me importuna

pareciera que el mundo

es capaz de curarse

las almas se hermosean

ahora que hemos envejecido

todos los que soy

se unen en sosiego

y reluce con el vaso

mi pobre vida atareada

veo como en un sueño

los tejados

converso en silencio

con mis muertos

 

781

Cuerpo que fue león

caballo reina

ahora sin morada

todas las cosas del cielo

y del infierno

transmigran

quien fue demonio

es ahora dios perfecto

Una palabra cada día. Bogotá. LETRA A LETRA. 2014. Págs. 17, 19, 31, 39, 82, 83, 84, 88.

 

 

HASTA EL FIN DE LOS NÚMEROS

Prólogo

Por: John Galán Casanova

Bajo este sugestivo título, abierto al infinito, Gustavo Adolfo Garcés reúne una nueva cosecha de su libreta de apuntes y prosigue su atento escrutinio de la poesía como ciencia del esplendor de lo inútil:

140

Llega al alma

por el esplendor

de lo inútil

y entonces

las palabras

se hacen ciencia

Encabezando cada texto con una cifra, a la manera simple y despojada de Emily Dickinson, el autor no cesa de asombrarnos con su destreza para destilar a cuentagotas la esencia de su visión. El milagro, “la perpetua / mudanza” de lo elemental es su tema, y en este libro, tal como lo ha sabido hacerlo a lo largo de su obra, continúa rindiendo amoroso tributo a los árboles y al viento, a la lluvia y a los pájaros, a las flores y a la hierba, contemplando el fulgor de la naturaleza que se liga a lo íntimo de la existencia en “el tiempo sereno / del poema”:

271

Juncos

flores

agua

pájaros

la vida

no parece dura

ni las piedras

Esta vocación por lo elemental podría hacernos concluir que estamos ante una poesía ingenua, rústica, silvestre. No hay tal. El poeta aprecia el paisaje desde la ventana, a través de un prisma conceptual. Su percepción está mediada por un trasunto filosófico complejo, donde se torna recurrente la reflexión acerca de asuntos como el lenguaje, el tiempo, la forma, la verdad:

872

El verso no es

lo que deseaba decir

tampoco lo que dices

las palabras

a un tiempo arden

y envejecen

Haría mal en extender más esta celebración de un maestro de lo escueto. Quiero apenas invitar al lector a deleitarse morosamente en la aparente brevedad de su escritura. Estos poemas no se agotan en una primera lectura, hay que releerlos, leer entre líneas una y otra vez más para sondear su profunda, elocuente parquedad. En cada verso esta voz aquilatada nos depara el fruto de una ardua comunión con el silencio:

585

Lo que lleva dentro

son palabras

sabes muchas

pugna por una

Mérida, marzo de 2010.

30

En el árbol

el viento se inclina

nada estropea

ese gesto familiar

que conozco de memoria

ni siquiera estas palabras

porque usándolas

no le quito la intimidad

miro esa correspondencia

sin descender en mí mismo

sin mirar dentro

lo que tengo delante

ni árbol ni viento

se engañan

juntos no son nunca

una forma fija

48

Se oye a sí misma

la lluvia

cambia de agua

en ella comienza

y finaliza el juego

115

Escucho tu gorjeo

dedico tiempo y cuidado

a imaginar que cantas

huelo tu huella

no la alcanzo

de unas cosas y otras

olvidé lo que sabía

234

No sabíamos

que llegaba el viento

remolino

de hojas secas

271

Juncos

flores

agua

pájaros

la vida

no parece dura

ni las piedras

402

El primer verso no lleva

a ninguna parte

de qué se hace eco

el segundo

el tercero es un límite

que asusta

el cuarto sólo

una pregunta

el quinto cuesta verlo

el sexto se parece

a la soledad

el séptimo y los restantes

son un lugar imaginario

447

No llega el tren

la luna alumbra

la estación

495

Nada me importuna

pareciera que el mundo

es capaz de curarse

las almas se hermosean

ahora que hemos envejecido

todos los que soy

se unen en sosiego

y reluce con el vaso

mi pobre vida atareada

veo como en un sueño

los tejados

converso en silencio

con mis muertos.

560

Desde la ventana

miro el muro

la enredadera

los tejados

las palomas

son ya

de la casa

839

De misma familia

las rosas

las violeta

y el hecho de morir

 

Hasta el fin de los números. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Literatura. 2012. Págs. 8, 9, 11, 15, 17, 23, 26, 30, 34.

EL ESPLENDOR Y EL MIEDO /ALBERTO VÉLEZ (1957-)

El esplendor y el miedo explora la avidez por la vida y la certidumbre agobiante de la muerte. El poeta sabe que no puede resolver la paradoja, pero, haciendo uso de la fábula, la alegoría y la experiencia vital y literaria, la dibuja con una fuerza y un ritmo constantes, permeados por la sensualidad y, no pocas veces, por una suerte de escepticismo que, en todo caso, no le impide contemplar la belleza de la realidad circundante, ni olvidar la memoria colectiva, ni renunciar al placer de nombrar (esencia misma de la creación). El resultado revela una voz singular en la poesía colombiana.

El esplendor y el miedo. Medellín. Universidad de Antioquia. 2018. Contraportada.

 

(Fuente: La Mecánica Celeste) 

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