Oh Hanói
En el medio de la ciudad, o ahí a un costadito, está la tortuga más grande del mundo. (O, a lo mejor, una de las más grandes). Vivíamos en la parte vieja, en la calle Papa, después en la calle Ataúd, después en la calle Payaso, y después en la calle Teleprompter. En una de las llamadas “casa tubo”, esas casas tan angostas que hay que caminar de costado ladeando la cabeza. Así. Dormimos de pie toda la Guerra de los Cuatro Mil Años, y, por costumbre, otros mil años más. Vas a encontrar mi nombre, el de un sonado académico del siglo XXIII (AC o DC, no me acuerdo), inscrito en la penúltima columna del Templo de la Poesía.
(Traducción y fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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