LAS CLASIFICACIONES
Es clavado que hipotecaste los huesos
para poder llegar, para entender. Y lo paradójico (de eso
te diste cuenta cuando ya era demasiado tarde) es
que el misterio no existe.
Existió, pero el mundo se ocupó de aplastarlo
como se aplasta un piojo entre las uñas.
¿Vegetal, animal o mineral?
Al carajo con las clasificaciones.
Las tensiones condicionan hasta la respiración y no permiten estupideces.
Ya se hicieron tantos cálculos sobre los sentimientos que la momia del amor está exhibida en un museo
con su respectivo cartel que lo explica para que no vuelva a existir.
***
DE CAJÓN
El silencio fijo de un pájaro clavado, como una mariposa,
en la tela del cielo. Tan alto como
el mensaje recibido por mail (incomprensible) que me acusa
y pretende que mi estómago
aprenda a calcular el alcance de los gruñidos del hambre.
El consumo de la electricidad entre las
paredes del cráneo es indispensable
para llegar siempre a la misma conclusión.
La languidez de las ideas
no pueden. Los músculos, hace mucho, fueron amaestrados.
De cajón: las costumbres que habilita una cultura son parte del plan y los rayos de luz lo único que garantizan es más oscuridad.
***
HOMENAJE A GIANNUZZI
Un cangrejo que gira.
Parece ciego. Y, aunque no lo es, sus
movimientos nos hacen pensar que
son, como nuestras rutinas,
producto de un automatismo no vidente.
Hoy es martes como hoy
y el universo es una copa sucia
abandonada en la mesa.
Nadie se da cuenta de algo obvio:
somos mecanismos simples, de muerte y abandono,
aunque la ciencia desarrolle infinitas teorías
para demostrar lo contrario.
El sol se va disolviendo
entre las nubes que aumentan
su coordinación para cerrar el cielo
y garantizar
una melancolía que está lejos
de cualquier tipo de explicación o razonamiento.
Llegado a este punto,
agradezco que mis zapatos conozcan el camino
hacia mi paz privada de decir que no a todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario