Primero sueño, vv. 210 - 233
Este, pues, miembro rey y centro vivo de espíritus vitales, con su asociado respirante fuelle —pulmón, que imán del viento es atractivo, que en movimientos nunca desiguales, o comprimiendo ya, o ya dilatando el musculoso, claro arcaduz blando, hace que en él resuelle el que le circunscribe fresco ambiente que impele ya caliente, y él venga su expulsión haciendo activo, pequeños robos al calor nativo, algún tiempo llorados, nunca recuperados, si ahora no sentidos de su dueño (que, repetido, no hay robo pequeño)—; éstos, pues, de mayor, como ya digo, excepción, uno y otro fiel testigo, la vida aseguraban, mientras con mudas voces impugnaban la información, callados, los sentidos, con no replicar sólo defendidos; y la lengua que, torpe, enmudecía, con no poder hablar los desmentía.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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