
POEMA PARA SER LEÍDO Y CANTADO
Sé que hay una persona
que me busca en su mano, día y noche,
encontrándome, a cada minuto, en su calzado.
¿Ignora que la noche está enterrada
con espuelas detrás de la cocina?
Sé que hay una persona compuesta de mis partes,
a la que integro cuando va mi talle
cabalgando en su exacta piedrecilla.
¿Ignora que a su cofre
no volverá moneda que salió con su retrato?
Sé el día,
pero el sol se me ha escapado;
sé el acto universal que hizo en su cama
con ajeno valor y esa agua tibia, cuya
superficial frecuencia es una mina.
¿Tan pequeña es, acaso, esa persona,
que hasta sus propios pies así la pisan?
Un gato es el lindero entre ella y yo,
al lado mismo de su tasa de agua.
La veo en las esquinas, se abre y cierra
su veste, antes palmera interrogante...
¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto?
Pero me busca y busca. ¡Es una historia!
***
GEORGETTE Y SU AMOR POR LOS GATOS
Georgette,
esposa de César Vallejo, fue una mujer muy sensible, y siempre mostró
un gran amor por los gatos. Una prueba contundente de que esta gran
mujer convivía con sus felinos nos lo dio Guillermo Thorndike en su
artículo “Georgette de Vallejo: la viuda más triste del mundo”,
publicado el 18 de setiembre de 1966 en el Diario Correo, donde afirmó
lo siguiente: “Me recibió a las cuatro y media de la tarde de un día
gris. Tres gatas flacas, hembras bastardas y parduscas y cariñosas,
saltaron a mi regazo y se enroscaron en mis brazos”. Por esa época,
Thorndike logró entrevistarla cuando ella vivía en uno de los
departamentos del edificio “Marsano”, en Miraflores.
Empero,
es necesario tener en cuenta que la bella mujer de ojos glaucos no
tenía en su casa a los querendones felinos por una simple moda, sino
porque su aguda sensibilidad la obligaba a recoger a los sufridos gatos
que padecían de hambre y frío en las calles miraflorinas. Esto implica
que no podía soportar ver el sufrimiento de aquellos indefensos
animales, y los llevaba a su cuarto para darles alimento y un calor
humano.
Todo
indica que ella ya demostraba ese gran cariño por los gatos cuando
vivía con el poeta en París. Así nos los da a entender Vallejo en su
“Poema para ser leído y cantado” (que le dedicó especialmente a su bella
francesita), donde anotó lo siguiente: “Un gato es el lindero entre
ella y yo”.
(Fuente: Miguel Pachas Almeyda)
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