sábado, 27 de junio de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

¿NOSOTROS?

 

Ilumina la escena como nadie más
puede hacerlo. Es una cita tomada
de los clásicos. Ni un hacha ha de cortar
lo frío de lo cálido, dijo Anaxágoras.
Nada existe separado. Sombra
en el suelo de mi sombra mi cuerpo
necesita una alma que recorra su camino
para entregarme las palabras. Un otro dijo
que las almas tienen el tamaño de una uña,
que son parte física de uno sin manos
y sin alas. No ha de saber que mis palabras
son como plumas nostálgicas sin nido.
¿Qué soy yo, ahora? ¿Pájaro o mosca
entregada al vaivén de una falsa humildad?
Ahí sigo colgado del mapa con maravillosa
gente humana que vive como los perros,
sin políticas ni arte creados para ella,
sólo feliz en algún sueño, sin intervalos
en sus vidas que huelan a humanidad.
¿Cuál será la razón que me incline a sentir,
a tocar la piel de las cosas suavemente
con mis yemas gastadas, a sentir las curvas
y los bordes de las cosas? Hoy, ahora,
mi mano se cierra y mi puño se resiste
a luchar contra sí mismo. Sonidos guturales,
belleza partidista, una máxima vacía. No
veo a nadie con quien pueda conectarme.
El arte en verso está perdido. ¿Qué ves
entre vos y mi yo lírico? ¿Dónde lo cálido
que convive con lo frío, el verde oleaje que
no cesa, la sílaba áurea de una letra extendida
aaaaaaá para formar la palabra sagrada,
este lenguaje sin lugar donde posarse?
¿Al escribir a la antigua resuena contra el papel
tu pluma? ¿Resucitás? ¿Hay un nosotros?
 

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