sábado, 27 de junio de 2026

Claudio Rodríguez (Zamora, España, 30 de enero de 1934 - Madrid, 22 de julio de 1999)

 

 

Brujas a mediodía

 

                     (Hacia el conocimiento)

No son cosas de viejas 
ni de agujas sin ojo o alfileres 
sin cabeza. No salta, 
como sal en la lumbre, este sencillo 
sortilegio, este viejo
maleficio. Ni hisopo 
para rociar ni vela 
de cera virgen necesita. Cada 
forma de vida tiene 
un punto de cocción, un meteoro 
de burbujas. Allí, donde el sorteo 
de los sentidos busca 
propiedad, allí, donde 
se cuaja el ser, en ese 
vivo estambre, se aloja 
la hechicería. No es tan sólo el cuerpo, 
con su leyenda de torpeza, lo que 
nos engaña: en la misma 
constitución de la materia, en tanta 
claridad que es estafa, 
guiños, mejunjes, trémula 
carmín, nos trastornan. Y huele 
a toca negra y aceitosa, a pura 
bruja este mediodía de septiembre 
y en los pliegues del aire, 
en los altares del espacio, hay vicios 
enterrados, lugares 
donde se compra juventud, siniestras 
recetas para amores. Y en la tensa 
maduración del día, no unos labios 
sino secas encías, 
nos chupan de la sangre 
el rezo y la blasfemia, 
el recuerdo, el olvido, 
todo aquello que fue sosiego o fiebre. 
Como quien lee en un renglón tachado 
el arrepentimiento de una vida, 
con tesón, con piedad, con fe, aún con odio, 
ahora, a mediodía, cuando hace 
calor y está apagado 
el sabor, contemplamos 
el hondo estrago y el tenaz progreso 
de las cosas, su eterno 
delirio, mientras chillan 
las golondrinas de la huida.

La flor del monte, la manteca añeja,
el ombligo de niño, la verbena
de la mañana de San Juan, el manco
muñeco, la resina,
buena para caderas de mujer,
el azafrán, el cardo bajo, la olla
de Talavera con pimienta y vino,
todo lo que es cosa de brujas, cosa
natural, hoy es nada
junto a este aquelarre
de imágenes que, ahora,
cuando los seres dejan poca sombra,
da un reflejo: la vida.
La vida no es reflejo
Pero, ¿cuál es su imagen?
Un cuerpo encima de otro
¿siente resurrección o muerte? ¿Cómo
envenenar, lavar
este aire que no es nuestro pulmón?
¿Por qué quien ama nunca
busca verdad, sino que buscan dicha?
¿Cómo sin la verdad
puede existir la dicha? He aquí todo.

Pero nosotros nunca
tocamos la sutura,
esa costura (a veces un remiendo,
a veces un bordado),
entre nuestros sentidos y las cosas,
esa arenilla
que ya no huele a dulce sino a sal,
donde el río y el mar se desembocan,
un eco en toro eco, los escombros
de un sueño en la cal viva
del sueño aquel por el que yo di un mundo
y lo seguiré dando. Entre las ruinas
del sol tiembla
un nido con calor nocturno. Entre
la ignominia de nuestras leyes se alza
el retablo con viejo
oro y vieja doctrina
de la nueva justicia. ¿En qué mercados
de altas sisas el agua
es vino, el vino sangre, sed la sangre?
¿Por qué aduanas pasa
de contrabando la harina
como carne, la carne
como polvo y el polvo
como carne futura?

Esto es cosa de bobos. Un delito
común este de andar entre pellizcos
de brujas. Porque ellas
no estudian sino bailan
y mean, son amigas
de bodegas. Y ahora,
a mediodía,
si ellas nos besan desde tantas cosas,
¿dónde estará su noche,
dónde sus labios, dónde nuestra boca
para aceptar tanta mentira y tanto
amor?
 

Un milagro llamado Claudio Rodríguez | Babelia | EL PAÍS

 

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib) 

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