
Aquí están los convidados de piedra,
oigo sus pechos hincharse de aire, llenarse de tierra,
traen sus zapatos y sus hijos, los mandan callar,
los envuelven en susurros, caminan arqueados o erguidos,
colman las avenidas y las cañerías,
se visten con todos los colores, sin vergüenza,
ni la tienen ni la esconden,
van a los cines y a los supermercados,
zarandean los paquetes, satisfechos,
protegen bien sus puertas de ladrones,
de noticias, de afectos, de compasión.
En los bolsillos camuflan el miedo,
no olvidan el paraguas y siempre tienen prisa,
salen cándidos y peinados, libres de ideas y fervores,
en los ascensores miran para arriba, trabajan,
no son culpables de nada,
excepto de sus manos de piedra que aplauden
la desgracia,
excepto de su alma mineral
y de estas ruinas que atesoran, tan pacientes,
los convidados de piedra.
de "Por arte de palabras" (2009)
(Fuente: Marcela Machado)
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