Poemas para violín y orquesta
MORADA DE LA VOZ
A José Durand
1
El
sol alumbra la ciudad y el cielo cae a lo lejos. Es cuando salgo a
caminar por las calles y me pierdo entre los inmensos arboles de
Woodland. Me protejo con un pequeño paraguas de las briznas del otoño,
llevo chaqueta azul y zapatillas de tenis. Estas brisas te pueden hacer
escribir poemas que reproduces en la pantalla de tu mente, y aparecen y
desaparecen en una o dos cuadras como espejismos verdes. Por eso trato
de entender la caligrafía de las hojas regadas por los suelos, la
placidez de los robles que vigilan las casas y dan sombra a los
viandantes que en los días de sol salen a vivir al aire libre. Pero
todos huimos cuando el sol no tiene conmiseración de nadie e incendia
todas las calles durante los veranos que son de fuego por estar muy
lejos de las aguas del Pacifico.
2
Salgo
a caminar diariamente por estas anchas calles para olvidarme de todo y
de nada, solo para sentir el sol otoñal sobre la piel, ese solcito que
no lastima los sueños ni los poemas que se te presentan en fila por los
aires, los ves ya construidos en el papel sin ninguna coma como
edificios llenos de ventanales, y toda la gente mirando desde el vacío
su altura y su andamiaje sin poder entender la arquitectura, los
ladrillos, los adobes lentos que levantaron el poema. Caminas para volar
y sentirte solo en un país desconocido, y para que puedas leer sus
hojas amarillas por el tiempo. Para que entiendas que las temporadas son
sabias mensajeras del poema, y que tu vieja ciudad no tenía otoño ni te
fue propicio escribir ya que las palabras se entrecortaron y la emoción
se perdió entre la niebla espesa y sus abismos, entre los malecones
donde creciste amando el idioma que escondía su luz.
3
Hoy
sales a ser ave. Toda la tarde has estado leyendo poemas de Theodore
Roethke, maquinando el pensamiento que deseas escribir sobre sus vuelos,
los poemas que quisieras escribir como él para satisfacerte, colmarte
con la benigna y sana envidia, ahora que esta delgada tranquilidad te
fascina y puedes leer las hojas de la calle, limpiar tu jardín y prender
el fuego de la casa, reír con las niñas y ser el rinoceronte feliz, rey
de toda la jungla. Por eso sales a caminar cada día para que los
árboles comprendan tu silencio, el ocio que da frutos en este continuo
movimiento, dando saltos ágiles contra el viento que mece al mundo,
imaginando la dulzura del amor bajo los ficus, comiendo una manzana en
cada interludio de besos.
4
Salgo
alado a sobrevolar la ciudad. Eres el pájaro chismoso que otea las
tiendas y los parasoles de los bares, los bosques de gente agolpándose
ante la novedad del día. Desde arriba brillan los edificios, una fosa
verde se siente al amanecer, en todos los polos crecen las ramas enormes
recubriendo el paisaje. Entonces piensas en los elevados pinos de Tahoe
y la apacible sensualidad de Albinoni que tanto te hacía llorar de
alegría, y puedes ver nuevamente a los venados desfilando con sus
cornamentas en alto, todos bajo el cielo todopoderoso, pisando las hojas
amarillas, el sol que es tu sol con todos los árboles empecinados en
darnos consuelo eterno.
5
¿Cómo
cerrar el día sin haber escrito una letra? ¿Cómo retirarse a dormir si
la pluma de ave reclama su vuelo cuando todos duermen? Solo basta oír el
aire que silba para borrar el ritmo de lo narrado, dejar salir al alma y
el espíritu a recoger los lirios, las huellas de las sombras que cubren
la visión del gallo en la madrugada, bailar en el Oráculo y ser esclavo
de tus propios hechizos, pez henchido que sale a flote una y otra vez
cuando el sol alumbra la ciudad, y sales en busca de la respuesta que te
aprisiona y que encuentras en la calle, cuando estas lluvias
precipitadas te muestran la morada de la voz.
E L A I R E
(Robert Bly)
BIENAVENTURADO el canto que viene del aire articulado, el
laúd que recoge las sílabas del alma y las dispone para nosotros
sobre los campos.
De ahí a cosechar la selva, en el mar o en la ciudad la pupila de
la voz como un oboe enamorado. Sin la música el aire no calienta,
no circula el agua en su centro, el cristal no se ve en la fuente.
Bienaventurado el canto del sinsonte, los globos de los niños en
un día de sol cayendo libremente por las plazuelas, los veleros se
pierden tras las olas se marchan, nunca dejan huella sobre la
arena.
ALHUCEMAS DE WILLIAM CARLOS WILLIAMS
El
olor a limpio a través de la ventana, alhucemas sahumando el paisaje de
la casa, golpes de máquina dando forma al poema de los yates, al mundo
que rebota exhausto en la flor del sahumerio. Al sonar las campanas, las
aguas verdes flotan y entra un olor a limpieza por la ventana, las
ideas con el salmo de los dioses: flores amarillas cambiadas por
cortinas blancas, el sol que se opaca en la tarde, la jarra de cristal
donde leo estos versos luego de alumbrar un nuevo niño: el temor de caer
con el mundo, me refugio en las hojas de los pobres, en los hospitales
solitarios, en tu cintura, tus rodillas, en la hierba que crece hasta
tus tobillos.
CUADRO SINCRÓNICO
El sol del verano
para un arte
poética del amor.
Sonido de viola
bajo la arena:
un
cuerpo de mujer
sobre las espumas
del mar brillándome
el pensamiento.
(POEMAS
PARA VIOLÍN Y ORQUESTA se publicó por primera vez bajo los auspicios de
Premià Editora, México 1991. Agradezco la generosidad sin límites de
Fernando Tola de Habich, editor de la colección, quien fue además poeta e
historiador de nota. Ahora, después de 35 años aparece en Lima
(Ediciones Códice de Poesía) esta segunda edición con una nota
introductoria de Carlos Germán Belli)
MIGUEL
ÁNGEL ZAPATA, poeta y ensayista peruano, es una de las voces
hispanoamericanas más destacadas de las últimas décadas, y sin duda un
referente ineludible de la poesía en lengua española actual. Sus
poemarios y antologías han aparecido en diferentes países del mundo,
especialmente en el ámbito de habla hispana. De entre sus títulos
recientes destacan Poemas para violín y orquesta (Códice, 2026, 2da
edición), Escribo caminando. Antología poética 1983-2025 (Pre-Textos,
2025), El florero amenaza con hablar (2024), y Un árbol cruza la ciudad
(2019). De sus últimos ensayos destacan Usted no sabe cuánto pesa un
corazón solitario. Ensayos sobre poesía (2023), y Trilce. Ensayos
(2023). Ha preparado ediciones críticas y florilegios de autores como
César Vallejo, Carlos Germán Belli, Blanca Varela, Mario Vargas Llosa o
Antonio Cisneros, entre otros. Su obra ha sido traducida a numerosos
idiomas. Por su trayectoria, ha merecido premios como el Latino de
Literatura (2011), el Premio Nacional Enrique Anderson Imbert (2023), o
la Medalla José María Eguren (2025). Ejerce la docencia como catedrático
de literatura hispanoamericana en Hofstra University, Nueva York.
Dirige Códice-Revista de Poesía.
(Fuente: alpialdelapalabra.blogspot.com)
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