Juan L.
Cierta vez a Isaías o a otro poeta, pero lo cuenta
Jorge Isaías,
Juan L. Ortiz le pidió que cerrara los ojos, y luego que
identificara
los cantos de los pájaros circundantes, lo cual Isaías, hizo.
Y logró identificar calandrias, loros, tal vez un mirlo.
¿No escucha la alondra?, Juan L. dijo.
No, dijo Isaías, o el otro poeta.
Porque no hay alondras acá, Juan L. dijo.
Desde entonces, Isaías –o el otro poeta– reconocieron
el canto de las alondras en los poemas extranjeros.
Aquello fue un manifiesto, ¿verdad?,
de Juan L. Ortiz que hablaba de “las hadas de los leños”
pero no de alondras porque no las había a orillas del
río Paraná donde brillan las hadas en invierno
*
Patagonia
La lluvia sobre las paredes se volvía blanca.
–Nuestro país es políticamente retorcido, por eso da
la espalda
a este desierto –me dijo–;
y lo que oís ladrar es un zorro...
–Y da la espalda a un gran río
–dije–,
que es un desierto también,
pero ama la Cordillera, los lagos.
–Los visita –respondió– dos veces en la vida.
Y lo que oís ladrar es un zorro –repitió–.
No un perro.
*
National Geographic
Se pueden imaginar los antiguos animales
con garras de oso y colas de serpiente,
alas y dientes de sable,
pero los tigres siberianos y las grandes leonas
fueron los que reinaron realmente
sobre bosques y manadas.
Anduvieron sembrando terror
entre árboles nevados y pastizales
en la vieja práctica de la sobrevivencia,
que exige arte y concentración,
nada de dejarse estar o “qué amenazantes
las sombras en la ventana”.
*
Lev y los pájaros
Pájaros imaginarios pasan por la mente felina de Lev
mientras la luz fuerza el retroceso de la oscuridad.
Lev da vueltas por la mesa, la ventana crece frente a él
y la luz termina por hacerle presente un mundo
que ya había olido y dibujado en su mente;
los pájaros son reales ahora y están tan lejanos que
parecen solo movimientos en las partículas del todo,
mínimos desplazamientos de materia en una cornisa vieja.
Lev no los da por perdidos, sin embargo: acecha.
La guerra siempre está por comenzar para él.
*
Un profeta pasa en taxi por la calle Mario Bravo
Se abre desde la ventanilla una rara perspectiva:
media casa ha sido abolida, de la otra mitad
emergen tubos de ventilación, varios desde el techo,
dos desde una pared, horizontales.
Arriba de todo, las ventanas de un altillo
permiten la vista de los techos linderos, seguramente,
y del hueco ganado a la vieja casa:
un estacionamiento privado, sobre cuya pared inclina
una cabellera seca, negra, el árbol de la vereda.
Un milagro está por ocurrir.
Como que cientos de años civilizados se condensen
en una escena misteriosa que está por suceder.
Pero la calle retoma velocidad.
Arranca el taxi. Y por la ventilla desfilan fachadas taciturnas,
carteles banales de publicidad, grafitis de remolinos
y firmas falsas, un abecedario griego. Incluso, sumerio.
*
Gato en Stalingrado
Pasa como menos que un flash la imagen
en el documental
del gato en brazos de un soldado rojo,
los otros ríen, el gato
tiene esos ojos
simpáticos de gato
aunque un tanto aterrados
–no lo supimos, fue solo un segundo,
pero el gato celebrado por los soldados
del Ejército Rojo, oliendo
el olor a sangre y pólvora del abrigo
de quien lo sostenía entre sus brazos,
adoptado seguramente y de inmediato
como mascota, en esa escena de liberación,
era el auténtico, el vivo espíritu
sobreviviente, como si hubiese estado en otro lugar,
esperando junto a la única chimenea erguida
de otro Stalingrado, junto a pantuflas y brasas
desde hace siglos, fiera indemne,
compañía silente, gato salvado del desastre
en el que humanos comieron ratas y perros,
ateridos en la nieve
se mataron, fueron aplastados
por escombros y orugas de tanque,
para abrazar, finalmente,
un gato.
*
Fuera de lo general / Jorge Aulicino
Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Ediciones En Danza, 2023.
(Fuente: Alicia Silva Rey)
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