INSPIRADO
La luz de la tarde que atraviesa el estanque
está haciendo hoy un buen trabajo, el cielo
es una mancha gris con un rastro exagerado
pero los árboles sobresalen con perfecta claridad
y aquí estoy, y si no estuviera,
no sabría la diferencia
como tampoco, por ejemplo, Shelley la sabría.
«Oh cielo y canción entrelazados en un abrazo salvaje
e inactivo oculto dentro de la raza humana»,
podría haber dicho él.
Es acertado pensar en Shelley
como una persona y no
como el gran poeta romántico
que murió trágicamente a los treinta,
Percy un joven con talento y juicioso
con un gran corazón y una mente abierta
que escribió algunos poemas mediocres
y algunos realmente geniales.
Todas las noches leo algunos e intento
imaginármelo escribiéndolos, pero
todo lo que consigo es una tenue visión de la espalda
de un hombre en una mesa en una fría habitación en Italia,
su brazo moviéndose ligeramente,
y a la luz parpadeante de las velas a una mujer
con un bebé dormido en sus brazos.
De vez en cuando el bebé musita «Gué»
y otra hoja de papel se agita
con palabras fluidas y brillantes.
Shelley está inspirado esta noche.
Versión de Carlos Alcorta
(Fuente: Carlos Alcorta)
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