sábado, 6 de junio de 2026

Sara Gayoso (Rosario, 1956)

 

 

LA ESQUINA

 

Allí parada, en el cruce
de dos calles mediocres,
la mañana mostró
la inversión de los mares.
Yo lo vi, y vi también
deshacerse el árbol
de inventadas genealogías.
Vi un turquesa abismarse,
llevado por la inmóvil corriente
quebrada en troncos de plátanos.
Aquel árbol quiso medirse;
creyó que como ellos batiría
la abrupta presencia inclemente
y renacida a veces, del tiempo.
En aquella esquina mediocre
vi que no aceptaría
que su cruce fuese cruz,
peso de llevar en mi espalda.
Miré entonces las calles
girando hacia el oeste,
pequeños todavía
los perfiles del ómnibus,
amarillo y viniendo.
Tenía un pasaje
y podría abordarlo.
 
 

ALBAS

 

En las primeras horas oscuras de nubes
la quietud de ese pequeño universo
era la promesa de un día sin tedio.
Un campo azul sin frontera,
un oleaje de verdes que envolvía
esa belleza de la piel hacia el cobre.
La fe imprescindible
acercaba el tiempo del pampero.
Imprescindible y corrompida al instante
por la intuición del fracaso
achatando sin pudor toda esperanza.
El cordel del estío arrinconaba tu cuerpo,
ataba tu pelo en lo alto,
imán poderoso deteniendo el alba
oscura de nubes, deteniéndola pródiga
de frescos torrentes.
Ah la despótica atadura de tus horas,
interminables de fastidio,
estío derramando lava,
indecoroso estío,
¿volverás cada año a deslucir
las albas de mis días,
a abolir con tu curso toda belleza?
Estío, crudo cordel,
deteniendo hasta el fiero pampero,
dictador, deteniéndolo todo.
S. G.
 
(de "Craquelado el tiempo", en preparación)

 

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