viernes, 13 de octubre de 2023

Louise Glück (EEUU, 1943- 2023)

 

In Memoriam: Louise Glück (1943-2023)


EL IRIS SALVAJE

Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado.

Louise Glück, Proofs and Theories

 

MAITINES

Inalcanzable, padre, cuando fuimos expulsados

por primera vez del paraíso, construiste

una réplica, un lugar en cierto modo

diferente, destinado a ofrecer

una lección; por lo demás

era el mismo: belleza en ambos lados,

belleza sin alternativa. Salvo que nunca

supimos cuál era esa lección. Abandonados, nos hartamos unos de otros. Siguieron

años de tinieblas; nos turnamos

para trabajar en el jardín, las primeras

lágrimas colmaron nuestros ojos

como la tierra nublada con pétalos, algunos

de un rojo muy oscuro, algunos color carne.

Nunca pensamos en ti a quien todos aprendimos a adorar. Simplemente

supimos que no es propio de la naturaleza humana amar sólo aquello que nos devuelve amor.

 

 

NIEVE DE PRIMAVERA

Mira el cielo nocturno:

en mi poseo dos personas, dos clases de poder.

Estoy aquí contigo, en la ventana,

observando tu reacción. Ayer

la luna se alzó sobre la tierra mojada del jardín.

Hoy la tierra brilla igual que la luna, como materia muerta, encontrada de luz.

Ahora puedes ya cerrar los ojos. He escuchado tus llantos, también

los llantos anteriores a los tuyos,

y he sido sensible a sus demandas.

Te mostré lo que querías:

no la convicción sino el sometimiento

a la autoridad, que descansa en la violencia.

 

 

MAITINES

Octubre contigo que eres como los abedules:

no debo hablarte

de modo personal. Muchas

cosas han pasado entre nosotros. ¿O

sólo me ocurrieron a mí? Me

siento culpable, culpable, te pedí

humanidad; no soy más menesterosa

que los otros. Pero la ausencia

de todo sentimiento, de la menor

preocupación por mí… También podría

dirigirme a los abedules

como en mi vida anterior: dejemos

que lo hagan del peor modo, déjale

que me entierren con los románticos,

que sus hojas amarillas y afiladas

caigan sobre mí

y me cubran.

 

 

EL JARDÍN

No puedo hacerlo nuevamente,

difícilmente soportaría verlo;

bajo la tenue lluvia del jardín

la joven pareja siembra

un surco de guisantes, como si

nadie lo hubiese hecho nunca:

los grandes problemas todavía

no han sido enfrentados ni resueltos.

Ellos no pueden verse,

en el polvo fresco aún, empezar

sin ninguna perspectiva, con las colinas al fondo, verdes y pálidas, nubladas de flores.

Ella desea detenerse;

él desea llegar hasta el fin,

permanecer en las cosas.

Mírala a ella tocar su mejilla,

pedirle una tregua, los dedos ateridos

por la lluvia primaveral;

en el pasto tierno estrellan rojos azafranes. Aun aquí, aun en los comienzos del amor,

su mano al abandonar la cara

da una impresión de despedida,

y ellos se creen

capaces de ignorar

esta tristeza.

 

 

VIOLETAS

Porque en nuestro mundo

hay siempre algo escondido,

algo pequeño y blanco,

pequeño y lo que se llama puro,

no nos afligimos

como te afliges tú,

querido y doloroso maestro; tú

no estás más extraviado

que nosotras,

bajo el espino, el espino que sostiene equilibrados racimos de perlas: qué

te habrá puesto entre nosotras, quién te habrá enseñado, aunque

te arrodilles y llores, a juntar las manos poderosas

en todo tu esplendor, sabiduría

nula sobre el alma y su naturaleza,

que es nunca morir: pobre y triste dios,

acaso no tuviste una

o acaso nunca la perdiste.

 

 

VALERIANA AZUL

Atrapada en la tierra,

¿no querrías tú también

ir al cielo? Vivo

en el jardín de una dama. Perdóname, dama;

el anhelo ha robado mi gracia. No soy aquello que querías. Pero

igual que los hombres y mujeres

parecen desearse unos a otros, yo también

deseo conocer el paraíso. Y tu lamento

ahora, un tallo desnudo

que asoma en la ventana del portal.

¿Y finalmente, qué? Una pequeña flor azul

como una estrella. ¡Y nunca

abandonar el mundo! ¿O no es eso

lo que dicen tus lágrimas?

 

 

FLORES DEL CAMPO

¿Qué estás diciendo? ¿Qué quieres

la vida eterna? ¿Son tus pensamientos en verdad

tan apremiantes? Es cierto,

tu jamás nos miras, jamás nos escuchas,

en tu piel manchas de sol, polvo

de amarillas copas de oro: te estoy hablando

a ti, que miras fijamente a través de los barrotes de la alta hierba, agitando

tu pequeño cascabel. ¡Oh

el alma!, ¡el alma! ¿Es suficiente

con mirar al interior? Despreciar

por humanidad es una cosa, pero ¿por qué

este desdén por la amplitud del campo?,

tus ojos se alzan por encima de las claras

copas de oro, ¿hacia qué? Tu pobre

idea del cielo: ausencia

de cambio. ¿Mejor que la tierra? ¿Y cómo

podrías saberlo si no estás ni aquí

ni allá, estando entre nosotras.

 

 

LA AMAPOLA ROJA

Gran cosa

carecer

de mente. Sentimientos:

oh sí; ellos me gobiernan. Tengo

un señor en el cielo

llamado sol, y me abro

para él, le muestro el fuego

de mi propio corazón, fuego igual que su presencia.

¿Qué podría ser tal glorias

sino un corazón? Oh hermanos y hermanas,

¿fuisteis como yo alguna vez, hace tiempo,

antes de ser humano? ¿Os permitisteis

abriros una sola vez, vosotros

que nunca volveríais a hacerlo? Porque en verdad estoy hablando ahora como lo hacéis vosotros. Hablo porque estoy destrozada.

 

 

CIELO Y TIERRA

Donde  uno termina la otra comienza.

Arriba, una franja azul; debajo

una franja verde y oro, verde y rosa profundo.

John, de pie en el horizonte: él quiere

las dos al mismo tiempo; quiere

todo al mismo tiempo.

Los extremos son fáciles. Sólo

el medio es un enigma. Pleno verano;

todo es posible.

Ahora lo sé: nunca más se acabará la vida.

Cómo puedo dejar a mi esposo

de pie en el jardín,

soñando esta clase de cosas,

sosteniendo el rastrillo, preparándose

para anunciar triunfalmente este hallazgo

como el fuego solar del verano cuando en verdad se estanca

y se deja contener entero

por los arces que arden

al borde del jardín.

 

 

MARGARITAS

Adelante: di lo que estás pensando. El jardín

no es el mundo real. Las máquinas

son el mundo real. Di con franqueza lo que cualquier tonto

podría leer en tu cara: tiene sentido

evitarnos, resistir

a la nostalgia. No es

tan moderno el sonido del viento que conmueve

un prado de margaritas: la mente

no puede brillar al seguirlo. Y la mente

desea brillar con claridad, como

brillan las máquinas, y no crecer hacia lo hondo, como las raíces, por ejemplo. Da lo mismo,

enternece tanto ver cómo te aproximas

con cautela a los límites del prado, de madrugada, cuando nadie podría observarte. Cuanto más te detienes

en la orilla más nerviosa pareces. Nadie quiere escuchar

las impresiones del mundo natural: se reirían

otra vez; acumularían escarnio sobre ti.

Y sobre lo que estás escuchando realmente esta mañana: piénsalo dos veces

antes de contarle a nadie qué fue dicho en este campo ni por quién.

Traducción de EDUARDO CHIRINOS 

El iris salvaje. Valencia. Pre-Textos. 1992. Págs. 7, 13, 16, 19, 23, 26, 30, 31, 34, 41.

(Fuente: La Mecánica Celeste)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario