viernes, 13 de octubre de 2023

James Tate (EEUU, 1943 - 2015)

 

La guerra de acá al lado

 

 

Me pareció ver a algunas víctimas de la última guerra vendadas y

rengueando por el bosque al lado de mi casa. Me pareció reconocer

a algunas, pero no estaba seguro. Era como un sueño difuso

del que trataba de despertarme, pero seguían ahí, ensangrentadas,

algunas con muletas, otras sin alguna extremidad. Este

triste desfile duró horas. No podía moverme de la ventana. Al fin

abrí la puerta. “¿Adónde van?” , grité. “Sólo estamos

tratando de escapar”, me respondieron con un grito. “Pero la guerra

terminó”, dije. “No, sigue”, me dijeron. Todos los noticieros informaron

que hacía días que había terminado. No sabía a quién creerle. Mejor

no hacerles caso, pensé. Se van a ir. Así que fui

al living y agarré una revista. Había una foto de

un muerto. Que acababa de pasar por al lado de mi casa. Y reconocí

a otro muerto. Corrí de vuelta a la cocina y miré por la ventana.

Había un grupo que venía hacia mí. Abrí la puerta. “¿Por qué

no peleaste con nosotros?”, me preguntaron. “Les juro que no

sabía quién era el enemigo”, les dije. “Está bien. Yo tampoco

terminé de entender”, me dijo uno. Los otros lo miraron

como si estuviera loco. “El otro bando era el enemigo, obvio,

los de los ojitos brillantes”, dijo otro. “Eran crueles”,

dijo otro. “terribles”. “Uno fue muy amable conmigo, me acunó

en sus brazos”, dijo uno. “Bueno, ahora están todos muertos. De

poco les sirvió” les dije. “Estamos recobrando nuestras

fuerzas”, dijo uno. Cerré la puerta y volví al

living. Al principio escuché que rascaban la ventana, pero pronto

pararon. Escuché un clarín a lo lejos. Después el rugido de

un cañón. Todavía no sé en qué bando estaba yo.

 

  Traducción de Ezequiel Zaidenwerg




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