lunes, 24 de agosto de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

 

TODO ES CREPÚSCULO

 

 
Este libro no existe. Nunca fue escrito.
Las analogías terminan trágicamente
en silencio. Ese poder que fue mi tortura
lo llevo en mi corazón. Pero hoy sólo
me queda hacer especulaciones
financieras, confidencias, fragmentos,
pedazos de teoremas. Pretendo: cristalizar
el lenguaje. Poema y budismo: que viaje
la mente al jardín de la nada e inunde
mi sangre la sangre de Benn. Pienso:
una hoja de tilo, métrica italiana, nada. 
 
Elijo (o fui elegido) sólo para oír lo poco
que puedo oír con un oído insensible
a toda otra poesía que no sea atemporal.
Todo llega a mi casa demasiado tarde.
Da igual la temprana belleza de las rosas
que mi caída, culpa de los ojos dilatados
por la atropina. 
 
¿Han caído alguna vez antes de que una
sonoridad tronara en sus cabezas? Todo
se alía en mi contra. Lo que creí un estado
del alma, magia de recogimiento (como
dirían los místicos) pudo ser un acv isquémico.
¿Qué decís vos, doctor Benn, de ese fluido
misterioso que compromete lo más íntimo
de mi cuerpo? Todo es crepúsculo. 
 
Crepúsculo de la escritura.
Crepúsculo de la percepción.
Crepúsculo del cuerpo.
Crepúsculo de la música.
 
La sombra, un color santo. Voz de falsete
la música, anomalía que hiere los oídos.
Poema que ahoga a la poesía.
 
 
 
Marginalia: es éste el último poema de un libro que lleva como título “La gloria de la mentira (Genealogía)”, sustraído al generoso Mallarmé. Se reprodujeron en Facebook unos 12 poemas de un total de 40. No pretende el libro reconstruir una familia “real” de manera documental. La familia aparece como teatro y la herencia obviamente no es solo sanguínea. Es una herencia de voces, nombres, gestos, deformaciones, relatos, invenciones.
 

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