domingo, 23 de agosto de 2026

Diego Colomba (San Nicolás, Pcia. de Buenos Aires, 1972)

 

 

MANERAS DE AGRAVAR LA INCERTIDUMBRE 

 


 
 
 
 
ELEGIDOS Y CONDENADOS


La navaja de Occam se hunde en la materia novelesca

Con unas botas demasiado grandes, cruzo el barrial del gallinero. El tronco robusto del nogal me impide el paso. Solo puedo alzar la vista. Sé que en el vacío, allá en lo alto, hay algo. Pero no puedo hacer pie en la altura. Menos hundirme, como ahora, en este caldo. Que bulle de ruidos ignotos. De apariciones imprevistas. Fijo entonces la mirada. En esta mínima porción de tierra. Para ahuyentar el vértigo.



Lo invisible se burla de nosotros

Y aparece. A la vista de todos. Como si la niebla alrededor se disipara. Podríamos ilusionarnos. Con tratar con lo invisible. Hacer de cuenta que es una cosa más entre las cosas. Sin arriesgarnos, irremediablemente, al castigo.



El bien y el mal andan a sus anchas

Se oyen silbidos. Tarareos. Insistentes melodías. Incluso yo puedo vibrar en el desquicio del aire. Sintiendo la tensión de la carne. Este soplo caluroso. Que lo pega todo con su baba invisible. No deja que el mundo estalle en mil pedazos.




Siempre es un misterio elegir

Una oscuridad que no podemos penetrar. Así y todo, nos vemos en la obligación de elegir. Angustiados. A los tropiezos. No sabemos si esa puerta fiambrera nos liberará de la culpa. O ese surco nos hará hijos de alguien. Cuando en realidad ya fuimos elegidos.



Maneras de agravar la incertidumbre

Mientras repasa frente a su abuela las tareas del día, bebe su tazón de té y come sus bizcochos. Como un mal hijo que abandonó a su padre. Convencido de su culpabilidad. Ha comenzado a desmantelar el gallinero. ¿Se lo ha pedido su padre o entendió que se lo sugería desde el otro lado de la línea? ¿O comenzó un día cualquiera a remover los ladrillos de barro para que se lo pidieran después? El desayuno es testigo de sus dudas. Despertó sintiéndose responsable de un encargo familiar. Ahora teme ser el fanfarrón al que una anciana mira con lástima.



Si el habitante de la casa se exhibiera en la ventana

Parecería alguien que entiende cómo es la vida: flujos de electricidad que chocan en lo visible e invisible. Pero no es verdad. Todo resulta más opaco e incierto. Casi imposible de calcular. Si las fuerzas de la casa se ignoran entre sí. Vivimos en la ficción y nos arreglamos con eso, todo lo que podemos. Creyéndonos incluso que es algo natural. Esperamos que el habitante que se deja ver en la ventana dé a cada rato una respuesta. A él le agradecemos que la respuesta nunca llegue.



LLEGADA A UN PEQUEÑO PUEBLO


Buenas mozas

La tía siempre elige mozas jóvenes y solteras para la cantina. Si alguna de ellas se casa, pasa a la limpieza o a la cocina. La tía sabe del roce entre socios y camareras. Que casi no hablan de su trabajo. Aunque yo las aguijonee con mis comentarios y preguntas recurrentes. Pero tengo ojos, que funcionan aunque estén torcidos. Los socios aprovechan cualquier distracción para acariciarles un dedo, un bucle del cabello o apoyar sus propios cuerpos en los pechos de las trabajadoras ocupadas, que hacen equilibrio con sus bandejas cargadas de bebidas y tentempiés. Aunque de eso nada digan cuando se encuentran con sus novios a la hora del cierre, haciendo equilibrio en sus bicicletas, echando el humo por la boca.



La cocina y el mundo exterior

¿Cómo soportan estar todo el santo día la cocinera y sus ayudantes en una pequeña habitación demasiado caldeada? Yo espero sentado mi comida, haciendo silencio en un rincón. Pronto las mujeres se olvidarán de mí. Por el tono con que dicen las cosas, es como si les pareciera frío todo lo que está fuera de la cantina. Se cuentan historias, siempre haciendo alguna cosa. La tía las controla y no las deja holgazanear. Mueven sus manos y narran sus historias increíbles, como si afuera de la cocina nada verdadero pudiera suceder.



La estación de la melancolía

Esta vida se extenderá todo el invierno. ¿Cuánto falta para que termine? El abuelo es un gran conocedor del tiempo. Sabe evaluar el valor de un día más o un día menos. Pero no necesito escuchar sus pronósticos. La vida en el pueblo es un invierno larguísimo y monótono. La primavera y el verano resultan cortos en el recuerdo, como si no durasen más de dos días. Incluso en esos días, aun en los más hermosos, a veces cae la nieve.



LOS DEMONIOS


Una modesta existencia

Nunca pensé en las bondades de los libros. Simplemente los busco, los leo. Casi sin comprender de qué están hablando. Sospecho, sin embargo, que dicen su verdad. Que sus autores no perdieron el tiempo y no me lo hacen perder a mí. Yo también seré algún día un muerto que escribe. Envuelto en el drama de mis días, desataré el nudo del modo más difícil.



Sirenas mudas

De cada libro espero algo. Aunque no me lo confiese. Algo que, sin embargo, siempre se posterga. Me obliga a reponerme de cada decepción. Para seguir buscando. Por momentos, las voces de los muertos nos contagian su extraña fe. Una especie de música que puede abandonarnos en el paisaje más desierto.



Un exorcismo

Tengo un mundo abigarrado en la cabeza. De imágenes y voces. Podría pecar de necio o hacerme pasar por el lírico de la familia. Pero no puedo. El dilema entonces es cómo liberarme. Sin terminar desfigurado



La mayor sabiduría

Debo echar el aliento. Para expulsar a los demonios. Que ahora giran en comparsa. A cierta distancia. No se puede pedir más. 


(Del libro homónimo,
Barnacle,, 2026,Envío 
de Alberto Cisnero)

Diego Colomba


Diego Colomba nació en San Nicolás (provincia de Buenos Aires) en 1972 y vive en Rosario desde 1990. Es Doctor en Humanidades y Artes, con mención en Literatura. Colaboró con reseñas, notas y entrevistas en diversos medios periodísticos. Obtuvo menciones y premios en Concursos Municipales, Provinciales, Nacionales e Internacionales, y las Becas de Creación del Fondo Nacional de las Artes 2019, 2021 y 2022. Fue seleccionado como artista referente de la Región Centro del Programa Escena Pública del Ministerio de Cultura de la Nación (año 2017). Artículos, entrevistas y poemas de su autoría integran diversas antologías. Publicó una veintena de libros de crítica, narrativa y poesía. Editorial Barnacle ha editado su producción poética más reciente, entre las que se destacan “Papá trajo a casa un Cuatro Ele” (2018): Mención Honorífica Premio Provincial de Poesía José Pedroni, categoría Obra Editada, 2019; Mención Honorífica Premios Nacionales, categoría Poesía, Ministerio de Cultura de la Nación, 2019; y “Una luz celeste” (2025).

 

(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites) 

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