MANERAS DE AGRAVAR LA INCERTIDUMBRE
ELEGIDOS Y CONDENADOS
La navaja de Occam se hunde en la materia novelesca
Con
unas botas demasiado grandes, cruzo el barrial del gallinero. El tronco
robusto del nogal me impide el paso. Solo puedo alzar la vista. Sé que
en el vacío, allá en lo alto, hay algo. Pero no puedo hacer pie en la
altura. Menos hundirme, como ahora, en este caldo. Que bulle de ruidos
ignotos. De apariciones imprevistas. Fijo entonces la mirada. En esta
mínima porción de tierra. Para ahuyentar el vértigo.
Lo invisible se burla de nosotros
Y
aparece. A la vista de todos. Como si la niebla alrededor se disipara.
Podríamos ilusionarnos. Con tratar con lo invisible. Hacer de cuenta que
es una cosa más entre las cosas. Sin arriesgarnos, irremediablemente,
al castigo.
El bien y el mal andan a sus anchas
Se
oyen silbidos. Tarareos. Insistentes melodías. Incluso yo puedo vibrar
en el desquicio del aire. Sintiendo la tensión de la carne. Este soplo
caluroso. Que lo pega todo con su baba invisible. No deja que el mundo
estalle en mil pedazos.
Siempre es un misterio elegir
Una
oscuridad que no podemos penetrar. Así y todo, nos vemos en la
obligación de elegir. Angustiados. A los tropiezos. No sabemos si esa
puerta fiambrera nos liberará de la culpa. O ese surco nos hará hijos de
alguien. Cuando en realidad ya fuimos elegidos.
Maneras de agravar la incertidumbre
Mientras
repasa frente a su abuela las tareas del día, bebe su tazón de té y
come sus bizcochos. Como un mal hijo que abandonó a su padre. Convencido
de su culpabilidad. Ha comenzado a desmantelar el gallinero. ¿Se lo ha
pedido su padre o entendió que se lo sugería desde el otro lado de la
línea? ¿O comenzó un día cualquiera a remover los ladrillos de barro
para que se lo pidieran después? El desayuno es testigo de sus dudas.
Despertó sintiéndose responsable de un encargo familiar. Ahora teme ser
el fanfarrón al que una anciana mira con lástima.
Si el habitante de la casa se exhibiera en la ventana
Parecería
alguien que entiende cómo es la vida: flujos de electricidad que chocan
en lo visible e invisible. Pero no es verdad. Todo resulta más opaco e
incierto. Casi imposible de calcular. Si las fuerzas de la casa se
ignoran entre sí. Vivimos en la ficción y nos arreglamos con eso, todo
lo que podemos. Creyéndonos incluso que es algo natural. Esperamos que
el habitante que se deja ver en la ventana dé a cada rato una respuesta.
A él le agradecemos que la respuesta nunca llegue.
LLEGADA A UN PEQUEÑO PUEBLO
Buenas mozas
La
tía siempre elige mozas jóvenes y solteras para la cantina. Si alguna
de ellas se casa, pasa a la limpieza o a la cocina. La tía sabe del roce
entre socios y camareras. Que casi no hablan de su trabajo. Aunque yo
las aguijonee con mis comentarios y preguntas recurrentes. Pero tengo
ojos, que funcionan aunque estén torcidos. Los socios aprovechan
cualquier distracción para acariciarles un dedo, un bucle del cabello o
apoyar sus propios cuerpos en los pechos de las trabajadoras ocupadas,
que hacen equilibrio con sus bandejas cargadas de bebidas y tentempiés.
Aunque de eso nada digan cuando se encuentran con sus novios a la hora
del cierre, haciendo equilibrio en sus bicicletas, echando el humo por
la boca.
La cocina y el mundo exterior
¿Cómo
soportan estar todo el santo día la cocinera y sus ayudantes en una
pequeña habitación demasiado caldeada? Yo espero sentado mi comida,
haciendo silencio en un rincón. Pronto las mujeres se olvidarán de mí.
Por el tono con que dicen las cosas, es como si les pareciera frío todo
lo que está fuera de la cantina. Se cuentan historias, siempre haciendo
alguna cosa. La tía las controla y no las deja holgazanear. Mueven sus
manos y narran sus historias increíbles, como si afuera de la cocina
nada verdadero pudiera suceder.
La estación de la melancolía
Esta
vida se extenderá todo el invierno. ¿Cuánto falta para que termine? El
abuelo es un gran conocedor del tiempo. Sabe evaluar el valor de un día
más o un día menos. Pero no necesito escuchar sus pronósticos. La vida
en el pueblo es un invierno larguísimo y monótono. La primavera y el
verano resultan cortos en el recuerdo, como si no durasen más de dos
días. Incluso en esos días, aun en los más hermosos, a veces cae la
nieve.
LOS DEMONIOS
Una modesta existencia
Nunca
pensé en las bondades de los libros. Simplemente los busco, los leo.
Casi sin comprender de qué están hablando. Sospecho, sin embargo, que
dicen su verdad. Que sus autores no perdieron el tiempo y no me lo hacen
perder a mí. Yo también seré algún día un muerto que escribe. Envuelto
en el drama de mis días, desataré el nudo del modo más difícil.
Sirenas mudas
De
cada libro espero algo. Aunque no me lo confiese. Algo que, sin
embargo, siempre se posterga. Me obliga a reponerme de cada decepción.
Para seguir buscando. Por momentos, las voces de los muertos nos
contagian su extraña fe. Una especie de música que puede abandonarnos en
el paisaje más desierto.
Un exorcismo
Tengo
un mundo abigarrado en la cabeza. De imágenes y voces. Podría pecar de
necio o hacerme pasar por el lírico de la familia. Pero no puedo. El
dilema entonces es cómo liberarme. Sin terminar desfigurado
La mayor sabiduría
Debo echar el aliento. Para expulsar a los demonios. Que ahora giran en comparsa. A cierta distancia. No se puede pedir más.
(Del libro homónimo,
Barnacle,, 2026,Envío
de Alberto Cisnero)
Diego Colomba
Diego
Colomba nació en San Nicolás (provincia de Buenos Aires) en 1972 y vive
en Rosario desde 1990. Es Doctor en Humanidades y Artes, con mención en
Literatura. Colaboró con reseñas, notas y entrevistas en diversos
medios periodísticos. Obtuvo menciones y premios en Concursos
Municipales, Provinciales, Nacionales e Internacionales, y las Becas de
Creación del Fondo Nacional de las Artes 2019, 2021 y 2022. Fue
seleccionado como artista referente de la Región Centro del Programa
Escena Pública del Ministerio de Cultura de la Nación (año 2017).
Artículos, entrevistas y poemas de su autoría integran diversas
antologías. Publicó una veintena de libros de crítica, narrativa y
poesía. Editorial Barnacle ha editado su producción poética más
reciente, entre las que se destacan “Papá trajo a casa un Cuatro Ele”
(2018): Mención Honorífica Premio Provincial de Poesía José Pedroni,
categoría Obra Editada, 2019; Mención Honorífica Premios Nacionales,
categoría Poesía, Ministerio de Cultura de la Nación, 2019; y “Una luz
celeste” (2025).
(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

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