miércoles, 19 de agosto de 2026

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000)

 

 

Dos poemas 

 


 
 
 
 
Rasgo fugaz
 

Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.

Pero un tablón de andamio,
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea,
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.


Fresno
 

Arrodíllate, Fresno: serás ejecutado;
profusas, humildes ramínculas,
tajeadas cortecitas, apagada flor,
retorcido recato
vedan tu médula corrupta
y sabotea lo natural la justicia.
Ya lo cantaban los azahares desde el alba:
“muerte a quien no da vigor
al amo de la renta sometida.
Te enmascaras Fresno, y simulas
tejerte en la bondad de las horas
que pasan; tienes astucia.
Pero la exhibición productiva
te arrasará. Lo simple caducará”.
¿Mienten, cantando, los azahares
desde el alba?

 Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: Oliva, 1993, por Claudia del Río, op. cit.

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible) 

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