martes, 18 de agosto de 2026

Kenneth Rexroth (South Bend, Indiana, EEUU, 22 diciembre 1905–Santa Bárbara, California, 6 junio 1982)

 

 

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Algunos poemas de "Los poemas de amor de Marichiko" (Unbudha ediciones, 2025), de Kenneth Rexroth. Introducción y traducción de Gastón Navarro. Gracias, Alí Calderón.
***
 
 
 
VIII
Un solo rayo al amanecer,
la dicha de nuestro amor
es incomprensible.
No hay sol que brille allí, ni
luna, ni estrella, ni relámpago,
ni siquiera una lámpara.
Todas las cosas son incandescentes
con el amor que enciende el mundo entero. 
 
XI
El uguisu canta en los árboles en flor.
Las ranas cantan en los juncos verdes.
En todos lados el mismo llamado
de un ser a otro ser.
Las nubes sombrías se mecen en el vacío.
Los botes pesqueros se mecen en la marea.
Las velas se los llevan mar adentro
pero las sogas, tejidas como antes,
con el pelo de sus mujeres,
los traen de vuelta
surcando sus reflejos sobre las verdes profundidades
hasta los puertos del amor.
 
XIII
Tendida en el prado, abierta a vos
bajo el sol del mediodía,
una bruma difusa oculta a medias
los pétalos de mi rosa.
 
XXI
La luna llena de primavera
se eleva desde el vacío,
y desplaza la red
de estrellas, una esfera de cristal puro
sobre terciopelo pálido, engastada con gemas.
 
XXV
Tu lengua late y se mueve
adentro mío, y yo me ahueco
y ardo con luz
arremolinada, como al interior
de una vasta perla que se expande.
 
XXVIII
La primavera se adelantó este año.
Laureles, ciruelos, duraznos,
almendros, mimosas:
todos florecen a la vez. Bajo la
luna, la noche huele a tu cuerpo.
 
XXXIII
Mientras nos despertamos para hacer el amor,
después de una larga noche,
no puedo olvidar
el crepúsculo perfumado dentro del
triángulo de mi vello negro.
 
XLII
¿Cuántas vidas pasaron
desde que entré por primera vez
en el torrente del amor,
para descubrir por fin que no hay orilla?
Y sin embargo, sé que volveré a entrar
una y otra vez.
 
XXXI
Algún día
todo lo que queda
de nuestras mentes enardecidas,
todo el mundo urdido por nuestro amor,
su origen y su muerte,
quedará reducido a seis pulgadas de ceniza.
 
LII
Alguna vez brillé
como una montaña nevada.
Ahora estoy perdida,
como una flecha disparada en la oscuridad.
Se marchó y debo aprender
a vivir sola,
a dormir sola, como un ermitaño
hundido en lo profundo del bosque.
Aprenderé a andar
sola, como el unicornio.
***
 

(Fuente: círculodepoesía / Vía Diego Roel) 

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