Ven de la luz, hijo
Que te ciegue la luz, hijo.
Ven de la luz;
desde donde la pupila sueña
y vuelve atormentada,
como un escombro vivo,
como especie de flor, como pájaro.
Carbón de víscera terrestre,
así como víscera de árbol.
Deja que se ensañe la luz, hijo,
Desciende como los antiguos ángeles,
como los malos discípulos,
ardiendo en su pasión, desheredados.
Así como las fieras, hijo.
Incomprendidas del río, intocadas
absolutas, tristes.
Ese será el día
—presentimiento que no quise,
tú sabes, los conoces—
que tomaré la forma deseada.
Ojo de estiércol, húmedo;
aprisionaré tu llama,
tu superficie extraceleste
tu mirada de centro obscuro,
tu trigal;
la tibia voluntad de tu piel
me ayudará y seremos.
Nunca antes pudimos.
Yo era como esas pequeñas fuentes secas.
Desciende, hijo, de la luz;
avizora el espacio,
avizora el horizonte.
La curva que deja el corazón de un muerto,
la mano que se esconde,
la mano que nadie quiso acariciar.
Seremos.
Tú y yo venidos
irremisiblemente;
unidos como dos tallos jóvenes aún;
queriendo apenas lo que no se nos dio.
Amando
lo que la luz aconseja:
el vértigo, la hondonada, el silencio,
el color de las piedras;
tantas cosas simples y distintas.
Llegaremos a amar la contextura de Dios
tan difusa;
tan perfecta como tus pequeños ídolos.
La madera de Dios
tan bella y roja
como el corazón de los árboles.
Tan bella y roja
como el corazón del veneno.
Que te ciegue la luz, hijo.
Que te atormente.
Ven de la luz, inúndate;
ten la luz y desmiente la tiniebla.
Ven, hijo, arrodíllate.
Cree en los amaneceres.
En la luz son más bellos los ojos de Dios.
Corazón anclado
Cómo saber de sí, después de la respuesta.
De todas las respuestas que abarcan el sentido,
cómo es posible entonces el sonido del alba
y la estrella multánime bajo mi cabellera.
¿Podría sustraerse la mirada a la incógnita,
el perfume a la brisa, la paloma al arrullo?
Me dirás que no pienso en emociones profundas,
me dirás lo que digo; que desde los comienzos
del fin, ha sido errante
la maldición del hombre sobre los crucifijos.
¿Crees que lo profundo se halla sólo en la roca?
¿No es profunda la ausencia de una alondra a su nido?
Dímelo tú, que tienes por cristal un océano
y un galeote dormido sobre tus ojos muertos.
El rubí diluido de los mares inciertos,
con su plasma sanguíneo,
con sus brazos nervudos como los de un marinero;
el mar; en su deleite de coger mariposas,
en su entraña de cripta de ignoradas noctílucas,
con su terrible espasmo de asesino despierto,
con sus manos de cómplice, porque ¿acaso no crees
que la tierra le envía las almas secuestradas?
Hordas de golondrinas atadas de las alas
para el deleite mágico de sus mil torbellinos,
tristes eunucos muertos para sus bacanales;
para ellos en las verdes orgías de los mares
está escrito el comienzo, y es el fin un misterio.
Tuve una vez un barco, galeote pirata,
sus mástiles, bordados de inválidas gaviotas
tatuajes de los tiempos, del destino, del aire,
era el ancla, mi grande corazón de luciérnaga,
y el galeote anclado —mi vida en mar afuera—,
se hundió junto a mis playas como yo solitarias
con sus tatuajes blancos.
Lentas fueron volándose todas las gaviotas,
sólo quedó una pluma dormitando en el mástil.
Y era el venero oscuro de su cuerpo, una duda,
y era corcel de abejas cautivadas y tristes,
y era una sola nota sobre su campo de algas,
y era el tálamo frío de mis noches inciertas.
Era un corcel de espuma deambulando inconsciente,
así inconscientemente como se duerme un niño.
Me dirás lo que digo. De tu ironía, siempre
retendré su sonido que se esconde en la tierra:
—que el morir corresponde y el vivir desintegra—
Pero si yo dijera de hoy en adelante
de mis viajes fantasmas en mi barco pirata,
y en mi vieja bitácora de marinero rubio,
atrapara tu estrella rutilante de sales,
duradera en tus sienes, gemebunda en mis labios
no me dirías nada, pirata en tierra firme,
yo sí, diría mucho de tus viajes de invierno.
Albedrío
Yo soy la vigilia,
Ustedes
Son los hombres castigados,
Los labradores
De gestos oblicuos
Que al engendrar falsos surcos
La semilla huyó despavorida.
Ahora respóndanme
Con una mano enguantada
A flor de corazón.
Cuál es la fecha exacta
Entre Aldebarán y Andrómeda.
El día en que los cuervos
Cosechen lo suyo
Entre las más grandes estampidas
De todos los tiempos. Amén.
(Fuente: Henderson Espinosa)
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