UNA NUBE EN MIS MANOS
Convencidos de la verdad de los mensajes divinos,
igual que sus ancestros, fundieron sus espadas en arados.
La espada no repara lo que arruinó el verano, dijeron.
Oraron y oraron.
Entonaron elegías a la naturaleza.
Ensillaron sus caballos
para bailar la Danza del Corcel en la noche de plata.
Una nube me lastima la mano.
No anhelo de la Tierra más que estas tierras,
el aroma del cardamomo y la paja
entre mi padre y el caballo.
Me duele una nube en la mano,
mas no espero otra cosa del sol
que la semilla naranja,
más que el dorado flujo del llamado a la oración.
Ensillaron sus caballos,
no supieron por qué,
y aún así los ensillaron
al final de la noche, y esperaron
que asomara un fantasma entre las grietas de este lugar.
Versión: Poesía Hermann Bellinghausen
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