El pequeño
acto,
lápiz, papel,
memoria,
una gota,
la palabra desertora,
desnuda y opulenta.
El peque-
queño trance,
el poema,
no retórico,
no el de la ideación que castra
y el pantano,
no epifánico,
menos místico;
esas extravagancias
de cofre y pergamino,
sí, este polvillo
entre uno y uno,
caprichoso,
aristocrático harapiento,
no declamado,
no recitado,
no leído,
menos aplaudido,
no en micrófono,
altavoz o karaoke,
menos filmado
ni expresado
al tonto que reportea.
El peque-
queñísimo
suceso
en silencio ventral,
casi precioso,
casi chancho,
casi de puñal y manzanilla,
ni en calculada dirección
ni cuerpo que elude bala,
incomprensible
como el mundo
y la vida,
delicado o brutal,
de nadie, de todos,
y de quienquiera que lo lea
y pueda,
feliz o crudo en el tormento;
o nada,
letras dispersas
en el fragor universal.
- Inédito -
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