CENIZAS
"Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos [...]
y todo lo que realmente pasa me pasa a mí". (J. L. Borges).
Intentar un poema
es como prender
un cigarrillo. Feliz o triste
la circunstancia
y lo que resulte del intento,
eso no importa,
me gusta verlos consumirse
y consumarse.
Tabaco y papel borrando el tiempo,
cenizas que arden en silencio.
Aun dejándolos a medias
(en mi cabeza
y en el cenicero repleto de colillas),
con su hermenéutica oscura,
con volutas imprevisibles
surgiendo de una brasa incandescente,
poema y humo son chamanes.
Fumo y escribo de mi mundo
-que es escribir del mundo
y sus historias-,
pero hay días en que el dolor
me impide ver al dios
al que le rezo -ese inefable,
sin cánones,
al que yo llamo esperanza-
y nada espero de él,
nada le pido.
(Tremenda pesadumbre
que no haya nada que esperar
en la esperanza).
En esos días que parecen siglos
no hay sustento
ni mensaje a desbrozar
en las palabras
y fumo y el humo es sólo humo.
Los cigarrillos a medio consumir,
los versos de un poema inacabado,
son despojos sin alma,
incrédulos de dioses y chamanes.
Desarmados frente al horror
que no deja de afilar sus zarpas,
son sólo cenizas
que no llegarán a ser plegaria.
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