“Penélope”
Penélope, con su monstruosa, sin precedentes,
paciencia,
araña escondida que tejía esperanza,
atrapada dentro de su propia esperanza,
malgastó
el tiempo que palpitaba, plenamente vivo,
envolviéndolo en sus telas,
sorbiéndole la sangre áspera.
La desesperada Penélope,
con su presente sacrificado,
rehén de un amor
sin correspondencia,
sumisa y amarga,
mártir de un destino fatal
que ella no eligió,
consagrada
a esperar y esperar
y esperar al Errante.
Quién sabe, al fin y al cabo,
si de verdad se alegró de su regreso,
si él le hizo justicia;
quién sabe
cómo soportó —si es que lo soportó—
conocer tantas y tantas cosas
que habían sucedido lejos de ella,
sin su consentimiento (…)
La hastiada, desposeída Penélope,
quién sabe,
una vez perdido el sueño de su regreso,
quedándose ya sin ningún sueño,
si logró vivir hermosamente
el resto de su vida,
superando
su legítima cólera,
su indecible tristeza de mujer,
y si,
al volver la vista atrás
y contemplar el inmenso montón
de los años perdidos,
los irremplazables,
comprendió por fin
hasta qué punto había sido injusto el sacrificio
de aquella dolorosa paciencia".
(Traducción: Hermeneuta)
— Lena Pappa |
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta a la griega Lena Pappa (1932–2025), una autora que encontró en los mitos clásicos una forma de reflexionar sobre las emociones y los conflictos de nuestro tiempo. Buen ejemplo es este poema –que elegimos aprovechando el interés que La Odisea ha despertado por su adaptación cinematográfica-, donde ofrece una nueva mirada de uno de los personajes más conocidos del poema de Homero. Así, frente al héroe errante, Pappa sitúa el foco en Penélope y se pregunta por el coste humano de aquella espera interminable. Una magnífica relectura de un mito que sigue teniendo mucho que decirnos.
(Fuente: Hermeneuta. Revista ciltural)
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